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13/04/2011 15:48

Las fotos de mi esposa en Lenceria y desnuda 3

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Mi esposa y yo vamos en nuestro automóvil sobre la autopista Ixtlahuaca-Toluca, en el Estado de México. Yo, Ernesto, manejo a una velocidad moderada, pues el día se ha mantenido con una lluvia intermitente y lo menos que deseo es un accidente. Veo de reojo como Miriam se desprende de las zapatillas de tacón alto, las medias y el liguero, dejándose la tanga que no atina a quitarse por estar bien anudada. Se desprende el sostén café de un movimiento y queda semi desnuda en el asiento del copiloto. No tiene prisa por cubrirse, sabe que la lluvia es una excelente cortina y sinceramente no creo que le preocupe, la vean. Hace un par de horas seis hombres la han visto en lencería y desnuda, y tal vez, todo un grupo estudiantil que estaba de excursión.

Mi esposa se coloca su atuendo deportivo ajustándose las calcetas y los tenis. Dentro de algunos minutos tendremos un compromiso familiar y preferimos mantener las apariencias ocultando nuestra doble vida. Un cambio efectivo de mujer excitante a desapercibida. Así es mejor para todos. Pasados 40 minutos nos encontramos con caras conocidas. Miriam no se ha dado cuenta pero la tanga cuelga muy cerca del bolsillo del pantalón mientras charla con su tía. Me acerco y tomo la prenda con discreción, guardándola en mí chaqueta. La tanga "rebelde" que no quiso caer hace horas, no pudo elegir peor momento para desprenderse de su dueña. Por fortuna, nadie se percata de lo sucedido. La reunión familiar trascurre con rapidez y nos retiramos a nuestra casa. En el trascurso del día he tenido varias erecciones y no veo la hora de llegar, abrirle las piernas a Miriam y cogérmela. No quiero hacerle el amor, solo tener sexo. Sí, mis ganas son muchas.

Llegamos a casa con dos cámaras fotográficas digitales con las pilas agotadas y cientos de fotos. Hemos cumplido un proyecto que nos llevo dos años completarlo. Una sesión de fotos en exteriores, esto es, fuera de una habitación o una casa, con Miriam de protagonista en lencería y desnuda y con la participación de varios hombres.

Esta es la historia de la sesión fotográfica: el porqué y el cómo. No es un relato corto, pues la experiencia ha sido extensa e incluimos fotos que la ilustran. Si lo que buscan es erotismo, esperamos no decepcionarlos.

Nosotros somos un matrimonio con más de 15 años de relación. Hemos ido descubriéndonos como pareja y dado la oportunidad de jugar entre nosotros, así como proponer e incluir a otras personas en nuestra sexualidad. No podemos decir que esto sucedió de un día a otro pues el proceso empezó hace varios años y hasta la fecha, continúa.

Desde el inicio de nuestra relación el sexo fue importante y lo disfrutábamos bastante en pareja. Como matrimonio asistíamos a reuniones sociales desde las típicas de empresa hasta las más intimas, del círculo de amigos. Miriam acudía con minifaldas breves, súper ajustadas, zapatillas altas y una blusa que más que cubrir, descubría. La respuesta fue siempre la misma: hombres sonrientes y agradecidos de ver a una excitante mujer y esposas y novias enfadadas por la seguridad y vestimenta de mi pareja.

Eran nuestros primeros juegos voyerista – exhibicionista. Ella se exhibía y yo miraba. Otros ojos la veían y se sabía mas deseada. La idea de un trío no estaba en nuestros planes y Miriam nunca se inmiscuyó con otro.

Como la aventura sexual nos atraía, buscamos parejas con las mismas inquietudes. De esa manera, nos encontramos con el swinger o intercambio de parejas.

El aprender las reglas del SW (swinger) y aplicarlas, nos llevó algunos años. Tomamos el aprendizaje a nuestro paso y sin indecisiones. Leímos desde los reportes de Alfred Kinsey y Shere Hite hasta los consejos de la Dra. Sonia Michaus en la revista “Tu Mejor Maestra” que se edita en México, sin faltar los relatos en Internet de parejas. Leímos, no para justificar nuestros actos, (si ellos lo hacen, nosotros también) sino como un medio de cómo y cuándo hacerlo. Desde un principio, por intuición, sabíamos que el intercambio de parejas es correcto y no tiene nada de reprobable. Al leer sobre sexualidad, lo corroboramos.

Hicimos, cuando ambos estuvimos preparados, el primer intercambio. Y un par de años pasó para que se diera el segundo. Dos amigas de Miriam nos dieron la oportunidad de participar en nuestro primer y segundo trió MHM. Nos conocimos más como pareja e individualmente. Comprendimos con certeza que éramos dueños de nuestra sexualidad y podíamos hacer lo que nos produjera placer por el gusto de disfrutar del sexo sin culpa. Cambio nuestra perspectiva. Y como lo menciona Alfred Kinsey, la sexualidad es propensa a cambiar con el tiempo.

Llego nuestro momento en el cual quisimos incluir a hombres solos en un proyecto simple: una sesión de fotos en exteriores, con Miriam de modelo en lencería y desnuda.

Éste tuvo una buena aceptación en los varones por la cantidad de mails que nos llegaron, junto a una enorme decepción. Solo un hombre de cada cincuenta entendía la propuesta. Los cuarenta y nueve restantes, iban de la candidez hasta la idiotez absoluta. (Leer el primer relato: sesión de fotos a mi esposa que se encuentra en: http://todorelatos.com/relato/62372/ Quedamos desilusionados dejando la sesión y los hombres solos para mejor ocasión.

¿Por qué una sesión fotográfica? Los motivos son varios pero todo se enfoca a la sensualidad. Primeramente a mí, Ernesto, me agrada la fotografía que además de técnica, es arte. Segundo: Me gusta tomarle fotos a Miriam. Cada quien tiene su concepto de belleza y para mi, mi mujer lo cumple. Ella al principio no lo entendía, amen de que no se considera fotogénica, pero con dialogo comprendió que como pareja nos debemos comprensión y evolución. El estancamiento en lo sexual termina en infidelidad o frustración y no porque yo lo diga y sea sentencia, sino porque en el trascurso de varios años y al hablar con infinidad de personas lo hemos comprobado. Por supuesto, no deseaba eso para nuestra relación. Tercero: Solo un número muy reducido de personas puede tener sexo frente a otros sin cohibirse ya sea en trío o en inter. Si, también lo decimos por experiencia.

Una sesión fotográfica es una actividad que nos permite ir desde la toma de fotos, pasando por voyerismo-exhibicionismo, tocamientos, complicidades, seducciones, hasta el completo acto sexual. Nos da el tiempo suficiente para conocer a las personas. Además, a los participantes no les prometemos contacto sexual forzoso. Nos libra a ellos y a nosotros de la presión, que necesariamente se tenga que dar. A cambio, nos queda la agradable sensación de que puede suceder si los involucrados lo desean o se da de forma espontanea. Desde nuestro punto de vista, una sesión fotográfica con una pareja es una iniciación sin traumas, al paso, que puede desembocar en un trío o un intercambio si se sabe jugar. Para una gran mayoría, una sesión de fotos no es nada. Para el que entiende la magnitud de algo como esto, es la llave a la intimidad de una pareja.

Y como lo mencioné anteriormente, nos olvidamos de la sesión por un buen tiempo.

Por cuestiones de negocios conocí a Martin y durante dos años charlamos hasta que nos hicimos amigos. La plática ahora ya no era exclusiva de contratos sino tocaba temas íntimos. Martín se mostró como un hombre de mentalidad abierta y habló sin ambages su modo de ver el sexo. Conocí sus realidades y sus fantasías que de algún modo, encajaban con mis ideas. Para corresponder a sus confidencias le comenté que deseaba hacerle unas fotos a mi mujer en ropa interior y desnuda con varios hombres de espectadores/colaboradores sin riesgos para ninguno de los involucrados. Solo eso: una sesión de fotos. Me miro sorprendido, alabó mi audacia y dijo que en un mes me daría una opción. Yo, dadas mis experiencias, no le creí.

Al mes nos reunimos para comer. Me platico que estaba a cargo de un grupo de trabajadores y que había hablado con ellos de la sesión de fotos pidiéndoles su cooperación. Sus compañeros aceptaron de inmediato pero le hicieron notar que no le creían del todo, es decir, no creían que una pareja pudiera permitirse una actividad de ese tipo. Martin les aseguro que era un compromiso real. Hable con Miriam y por vez primera le comente de la realización del proyecto. Tampoco se entusiasmo. Estaba curada de escepticismo.

Una semana después nos reunimos Martin, Miriam y yo. Mi mujer y él no se conocían físicamente pero una charla llena de risas disipó el inconveniente. Vi la discreta mirada de mi amigo perderse en medio de los muslos de mi esposa tratando de adivinar si llevaba o no ropa interior (no llevaba) mientras le explicaba las reglas: solo yo podía tomar las fotos, no podían tocar a Miriam si ella no lo pedía o yo lo solicitaba y nada de vulgaridades. Aceptó y nos ofreció la mayor seguridad y corrección de él y sus amigos. Mi esposa fue al baño y al minuto llego un mensaje por mi celular: Martín me inspira confianza. Hagamos la sesión. Miriam.

Martin tomo la sesión como un proyecto importante. Buscó por algunas semanas sitios adecuados para la toma de fotografías comunicándose constantemente para decirnos los avances. Nos propuso un parque eco turístico como mejor opción y aceptamos. Creo fue el momento cuando mi esposa y yo atisbamos que la sesión de fotos podía darse.

Y sí. Llegó el gran día.

Nos encontramos con Martin y su grupo de amigos a las 10 de la mañana en el puente Ixtlahuaca – Jilotepec en el Estado de México y de inmediato partimos hacia el parque. Miriam vestía pantalón y chaqueta deportivos, pues estaba lloviendo en intermitencia desde la madrugada y no estábamos seguros de que la sesión se llevara a cabo por lo inclemente del tiempo. De ahí que los muchachos se desilusionaron cuando Miriam descendió del vehículo, pues esperaban a una mujer vestida sexy, aquella que Martín tantas ocasiones les describió. (Únicamente Martín conocía a Miriam) Después de las presentaciones recorrimos el parque eco turístico buscando sitios adecuados para la sesión fotográfica mientras los hombres miraban discretamente a mi mujer. En el camino encontramos estudiantes universitarios que se encontraban de excursión y que en adelante trataríamos de evitar por cautela.

Al poco tiempo, llegamos a un sitio que nos gustó porque el pasto se veía como alfombra mullida y una presa rebosante de agua, como fondo.

En los días previos a la sesión yo seleccioné la ropa de Miriam para cinco cambios de vestuario, pues conociéndola, ella habría elegido algo mas recatado. Ella es feliz en su papel de mujer conservadora y yo en el papel de pervertido.

Esta fue mi lista:

1.- Minifalda y blusa 2.-Vestido trasparente color humo 3.-Bata blanca 4.-Camison de gasa 5.-Vestido de espalda descubierta además de un juego de medias con liguero blanco, un juego de medias con liguero negro, tres juegos de tanga y sostén en colores negro, blanco y café y dos pares de zapatillas de tacón de aguja, negro y blanco. Eso nos permitiría diversidad para las fotos.

Le pedí a Miriam se colocara el vestido trasparente color humo. La idea de la mini y blusa no me agradó porque disponíamos de poco tiempo por las condiciones del clima o tal vez gano mi ansiedad de verla expuesta a otras miradas. En el parque tuvo que cambiar de vestimenta entre los árboles mientras el grupo se retiraba algunos metros para darle privacidad. Mientras, encendí la cámara fotográfica y me dispuse a tomar la primera foto. Miriam terminó de cambiarse y llamé a Martin para que la ayudara a caminar por el césped por la dificultad que conllevan las zapatillas de tacón delgado, tomándola de la mano para presentarla al grupo con su nuevo atuendo.

Sentí que mi mujer salía de nuestra intimidad, de ella y mía, para entregarse a otras sensaciones. La esposa y la amante asentadas en Miriam partían de mi fiel admiración, deseo y cuidado, a la aventura. Entre Miriam y yo ya no hubo una mirada a modo de despedida. Esta ya estaba dada cuando llegamos al parque. Miriam era, a partir de ese momento, solo una amiga.

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Los muchachos cambiaron en un segundo sus caras aburridas por un gesto de sorpresa. No esperaban un cambio tan radical y no dejaban de mirarla. Miriam no se apenó por ello, al contrario, dejo que la admiraran y se tendió en el pasto boca abajo. El mensaje que les envió fue claro: Miren lo que gusten, para eso vine.

Su juego favorito, mostrase, había comenzado.

Desde mi perspectiva, podía ver la piel de Miriam a través del vestido por lo trasparente de la tela así como su sostén y tanga. Se veía pasiva, indefensa, inocente y muy puta.

Así te quiero, fluida y sucesiva,

manantial tú de ti, agua furtiva,

música para el tacto perezosa.

Gerardo Diego

Mi mujer ofrecía su cuerpo a otros ojos y viéndola tuve mi primera erección. Me aleje un poco del grupo para que los demás no se percataran y al mismo tiempo, la observaran a su antojo. Uno de ellos comentó con Martin: ¿es en serio lo de las fotos? Si, aún no lo creía. Por lo menos al incrédulo, la realidad llego en ese instante.

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Les pedí a dos hombres se colocaran a los costados de Miriam y la tomaran de la cintura mientras un tercero se postraba. Ellos la abrazaron ocasionando la risa de Miriam, ya que es muy cosquilluda y eso libero la tensión del primer contacto. Subió un pie sobre la espalda del tercero pero el largo del vestido lo impedía así que solicité enrollaran el vestido a la cintura para que se apreciara más la desnudez de mi mujer. Se veía terriblemente sexy. Me pregunte: Si hubiera otro fotógrafo en la parte posterior ¿Qué vería? “Congele “a los cuatro y fui a corroborar. Efectivamente, las manos de ellos estaban en la cintura de ella y las nalgas de Miriam se apreciaban ricas, dispuestas y solas.

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La sesión de fotos había empezado bien y mientras veía como abrazaban a mi mujer, me acorde de mi desastroso inicio en el intercambio de parejas: Hicimos Miriam y yo una cita con una pareja, que al igual que nosotros, empezaba en el SW. Después de algunos juegos, el hombre de la pareja besó a mi esposa (con mi consentimiento) con tal pasión que ella le correspondió de igual forma. No pude continuar con el encuentro y lo di por concluido, con la sorpresa y disgusto de los demás. Ese beso me hizo pedazos por seis meses. Lo admito: mi machismo era más grande de lo que suponía. Puedo decir para justificarme que el entorno social y una nula educación sexual tuvieron la culpa de lo que paso, pero eso seria irresponsable de mi parte. Sencillamente me sorprendió la realidad. El escéptico, el que no se creía la sesión de fotos y yo, compartimos la incertidumbre de estar un momento perfecto con una mentalidad equivocada.

El intercambio de parejas fue una situación tan fuerte que me cambio la vida. Llore y me enfurecí por dejar a mi esposa en manos de otro hombre. Sabía que Miriam era una mujer muy sexual y me quede con la idea de que solo era conmigo. Nunca pensé que ella lo haría con alguien más con la misma o mayor intensidad.

Me equivoque.

Mi enorme machismo fue producto de una deficiencia en mi educación general y esa responsabilidad es personal. Si desaparecía mi machismo, el origen de mi inseguridad, me daría la llave para disfrutar una sexualidad más abierta y real. Copié el proceso de una eficiente empresa japonesa: desaprender y aprender. Desaparecí mi sentido de posesión (esta mujer es de mi propiedad) por unos celos sanos. Si, mis celos no desaparecieron ya que amo a mi pareja, pero los controlo. Ahí están, pero no me gobiernan. Desaparecí de mi mente que solo el hombre tiene el derecho a disfrutar de otros cuerpos a: ambos tenemos las mismas oportunidades. La igualdad hombre-mujer en el ámbito sexual para mí fue una batalla no con el mundo sino conmigo mismo. El intercambio de parejas fue un encuentro con la equidad de género, pero no de dientes para afuera. Ocurrió, literalmente frente a mis ojos cuando a Miriam la veían, tocaban, besaban, excitaban y le hacían totalmente el amor. De la misma manera yo veía, tocaba, besaba, excitaba y tenía sexo con otra mujer.

Ahora, años después, me encontraba en un parque, a punto de pedirle a un desconocido le tocara las nalgas a mi esposa. Si el Ernesto de hace años se hubiera encontrado con el Ernesto de hoy, seguramente ambos se hubieran insultado. (Yo golpeándome a mi mismo)El grupo no lo sabía pero Miriam y yo estábamos en una situación nueva y de aprendizaje. Aprendíamos nuestra sexualidad y sus consecuencias. Los libros y sexólogos pueden decir lo que quieran, pero si nosotros como pareja no lo experimentamos, es solo tinta en papel. Un relato en un libro o internet no basta para una vivencia. Es necesario tenerla.

-Se te ve un trasero fenomenal –le dije a Miriam- Y se vería mejor si alguno de los muchachos pusiera sus manos ahí. Seria una foto estupenda.

Mi comentario fue escuchado como orden. Uno de ellos poso sus manos sobre el trasero de mi mujer resultando en el primer tocamiento de la sesión. Puedo decir con honestidad que eso me excitó al mismo tiempo que dieron unos minúsculos celos.

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El resto del grupo solo miraba.

Les pedí fueran a la orilla de la presa y todos sostuvieran a Miriam horizontalmente, levantando el vestido para una mejor vista. Lamento verme tan imperativo (mandón) en el relato, pero así son las cosas. Yo, como fotógrafo, tenía que decirles como debían colocarse para las tomas.

Mi objetivo inicial era que los integrantes de la sesión de fotos tuvieran el mayor contacto visual con Miriam, pues como fotógrafo tenia ese privilegio. Era nuestra primera sesión de fotos con un grupo de hombres, con todo lo que conlleva.Miriam y yo sabíamos que era solo una sesión de fotos, pero mantuvimos abiertas las expectativas. Dejamos que la sexualidad y el momento nos fueran llevando.

Al momento en que todos sujetaban a Miriam horizontalmente, sus nalgas se trasparentaban en el vestido y se veían antojables. Insté a los chicos le subieran el vestido y bajaran un poco la tanga. Uno de ellos estaba atrás, rezagado y apenado. Le pedí se situara enfrente y mirara con detenimiento. Creo le dio un gusto enorme pues sus amigos bromeaban diciéndole lo afortunado que era.

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Vi a mi esposa desinhibida disfrutando de la iniciada sesión y algo característico de ella, riéndose. Creo ya la habían visto toda por lo trasparente de la tela, pero mi voyerismo quería la vieran mas. Pedí a los hombres le quitaran el vestido a Miriam. Ella, levantó los brazos y sencillamente se dejo.

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Encomendé al grupo auxiliaran a mi esposa en todo momento. Eso les daba la oportunidad de estar más cerca de ella y de tocarla ligeramente. Miriam se dejaba consentir, siguiendo su juego y cooperando con el mío.

A ella la he visto cientos de veces desnuda, pero el que otros ojos la vean, nos excita a ambos. ¿Qué mujer sexualmente liberal se resiste a ser el centro de atención y deseo?

Ya con solo dos prendas en su cuerpo, estaba a un paso de desnudarla. Insté a uno de los participantes, le bajara la tanga a mi adorada mujer. A través de la cámara, dos manos que no eran las mías, deslizaban la prenda descubriendo el pubis depilado de Miriam. Ella sonrió cuando la prenda cayo al pasto y para no dejar, en un movimiento, se quitó el sostén. Ahí, en un parque publico, a mediodía, se encontraba mi esposa desnuda, solo con sus zapatillas negras, a la vista de algunos hombres que llevaban una hora, tal vez dos, de conocerla.

Solicité a mi mujer que se pusiera en cuatro puntos sobre el césped. Por experiencia se que cuando un hombre mira sus nalgas, no las olvida y yo deseaba que el grupo lo corroborara. Miriam miro en dirección a la presa, se hinco con lentitud y levantó ligeramente el culo en una invitación imperceptible a que se la cogieran. No se como estaban los demás, pero yo seguía con la erección anterior o con una nueva.

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Uno de los participantes trató de sacar su celular para tomar una foto. Le dije que no y Martin de inmediato lo regañó frente a todos. Los demás, le lanzaron una mirada de desaprobación y por lo bajo una que otra grosería. Aun cuando todos estábamos excitados, las reglas seguían vigentes.

Miriam pidió su vestido junto a la tanga y sostén. Excepto el regañado, todos le ayudaron. Algunos le daban la mano para detenerla y otro le anudaba la tanga. Uno de ellos se tendió en el pasto a descansar y eso como fotógrafo me daba otra pose. Hable con Miriam y comprendió de inmediato. Se situó sobre él a la altura de su rostro con las claras intenciones de que la mirara por abajo del vestido. Dos más se acercaron y la tomaron de la mano para auxiliarla. Nuevamente solicite levantaran el vestido y al que se encontraba tendido, le bajara la tanga. Éste me miró como apenado así que asentí con la cabeza y lo hizo.

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A media presa, se escuchaban gritos. Dos lanchas apenas contenían la algarabía de los estudiantes. Para imitarlos, sugerí alquitaramos dos embarcaciones e hiciéramos algunas tomas en ellas.

Martin envió a uno de sus amigos a alquilar las lanchas. Regresó con la noticia que solo había dos disponibles y ya estaban ocupadas. Dada la situación se sugirió buscar otro sitio y continuar la sesión de fotos en “tierra”.

Miriam quiso cambiarse de ropa, regresando a su atuendo de pantalones deportivos y tenis. Otro varón se ofreció a acompañarla pues los tacones se enterraban en el pasto y ella aceptó. Mientras subían una pequeña cuesta, él se quedaba ligeramente atrás de ella para verla las nalgas pues el vestido lo permitía. Yo los seguía.

Esa mirada la había visto varias ocasiones cuando vamos por la calle y los hombres miran a mi pareja con discreción, pero en esa ocasión, la mirada era natural e intensa.

Llegamos al sitio que servía de guardarropa y el participante se retiró dejándonos a Miriam y a mí, con cierta intimidad. Mi mujer se cambio de ropa y la que me entregó la guardé en una bolsa. Al tocar su tanga la note húmeda y en ciertas partes blanquecina. Mi conclusión fue agradable y sorprendente:

Miriam realmente estaba disfrutando la sesión de fotos, el mostrarse y dejarse tocar. La tanga mojada por su lubricación me decía que estaba bastante excitada.

El momento estaba valiendo la pena.

Recuerdo la entrevista que le hicieron a cierta actriz por su trabajo en un table dance. Decía que le gustaba asistir a esos sitios y participar como teibolera por la excitación que le daba tener a tantos hombres, literalmente, a sus pies. Miriam le daba la razón.

El grupo marchó y a pocos metros encontramos el camino principal. El sendero dividía de forma natural unas rocas y el sitio nos agrado. Con los universitarios en la presa, teníamos tiempo para la continuación de la sesión de fotos. Les pregunte al grupo si preferían que Miriam cambiara a un vestido de enfermera o alguno de la lista. Se decidieron por lo primero, ofreciéndole algunas prendas extra que llevaban consigo para que se sentara sobre ellas a modo que no se ensuciara de tierra. Miriam supongo que se sentía a esa altura cómoda, con ellos viéndola. Esta vez, el grupo no se separo mucho mientras se cambiaba.

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A espaldas de Miriam estaba una roca grande y decidimos subir y hacer unas fotos sobre la piedra, algo muy difícil para una mujer con zapatillas de tacón. Dos hombres treparon primero y ayudaron a mi mujer a subir mientras los restantes, incluyéndome, le veíamos la terminación de las medias, la tanga y sus nalgas. Si no eran voyeristas, ese día estaban tomando el curso y seguramente se graduarían.

El grupo estaba disfrutando del cuerpo, los vestidos, y sobre todo, la actitud de una mujer sexualmente libre. No lo supongo, lo percibí.

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“No es tu cuerpo el destino de mi deseo, es tu actitud lo que me provoca”. Mi amiga Miriam nos ofrecía su cuerpo, su sexo y nos excitaba .Era la mujer de todos y al mismo tiempo, de nadie. La amiga que hay que consentir y cuidar. En ese instante yo dejaba de ser el esposo, su pareja, para convertirme en uno más del grupo. Es difícil explicarlo, pero la mirada de Miriam veía al fotógrafo, al participante, no a su esposo.

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Una sorpresa me aguardaba: La cámara digital empezó a avisarme que las baterías estaban a punto de colapsar. Martin me comento que previsoramente llevaba otra cámara digital y la ponía totalmente a mi disposición con el compromiso de una vez terminada la sesión, entregarme el dispositivo de almacenamiento o bien, la cámara completa. Acepté tan generosa oferta, pues yo no estaba dispuesto a terminar tan prematuramente una sesión que todos estábamos disfrutando. Para corresponder a su gentileza, le pedí me ayudara en algunas fotos. Yo subí a la roca y el se quedo abajo. El regañado que hacia de vigía, (Martin lo degrado a soldado) nos aviso que alguien venia. Martin apresuro al equipo a hacerle “casita” a Miriam, para que no la vieran. Escuchamos ruidos de un grupo numeroso que se acercaba. Nos sorprendimos cuando vimos que éste lo componían borregas que seguramente estaban custodiadas por un pastor. Efectivamente, detrás iba su cuidador que siguió su paso sin percatarse de nada. Vi a Miriam riéndose, con su ja, ja, ja, ja, característico, mientras el grupo seguía protegiéndola.

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Martín nos aviso que los universitarios habían “desembarcado” y estaban a escasos metros de nosotros. El grupo no se movió de su sitio mientras Miriam muerta de la risa por la situación de las ovejas y ahora los estudiantes, hacia poses.

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La sensación que yo tenía en ese momento fue totalmente diferente a estar con una pareja. Miriam me dijo días después que ella sintió lo mismo. En un encuentro con una pareja hombre-mujer yo centro mi atención el la otra mujer y Miriam en el otro hombre. En ese instante, tengo una mujer en exclusiva y Miriam un hombre (que no soy yo) a su disposición. Ellos son nuestro mundo y nosotros el de ellos.

En esta ocasión, Miriam compartía su atención con siete hombres. Yo, en la única mujer y lo que le hacían o que pudiera provocarles a hacerle.

Sentí un aprecio genuino del grupo hacia Miriam por su sencillez y su risa, (la risa ayudo muchísimo) sin excluir lo sexual. Encontraron a una amiga cooperativa sin aires de diva, sangroncita o insoportable.

Nosotros como pareja, entendemos eso. Hemos conocido también, lo malo del SW. Parejas donde ella se siente Angelina Jolie y el Brad Pitt con las consabidas consecuencias: un suplicio hablar con ellas y única ocasión que los vemos. Las parejas creídas de si mismas, adolecen de modales y son una pérdida de tiempo. Cambian tontamente la soberbia por un momento mágico. Ni Miriam ni yo podemos darnos el lujo de compartir momentos excitantes por perder el piso.

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El subir y bajar la roca nos dio a todos momentos visuales muy placenteros. Las fotos fueron el pretexto perfecto.

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Martin estaba enfrascado en su papel de fotógrafo. Le sugerí dejara la cámara a sus amigos para que ellos tuvieran la experiencia y recomendaran poses no excluyendo a nadie. Al regañado, por su descubrimiento rápido del enemigo (las maléficas borregas) Martin lo ascendió de soldado a Teniente y también tomo fotos, no con su celular, pero el gusto lo tuvo.

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El grupo miraba a Miriam con deseo y a mi con extrañeza. Martin les había comentado que yo era su esposo. No un amigo de ocasión o su amante. Era oficialmente su pareja. En varias ocasiones, antes de tocar a Miriam, me miraban corroborando mi permiso. Yo entendía su predicamento. Hace años estuve en sus zapatos y recordé un episodio parecido.

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Tenía 20 años y me encontraba en Valle de Bravo, en el Estado de México. Trabajaba en una villa cuando por un descuido me herí un dedo, algo sin importancia. La dueña de la casa, una española madura y bella, vio lo sucedido, me llevó a su recamara y me curó. La mujer me colmaba de atenciones que solo se prodigan a una pareja. Yo temía entrara su esposo y me tumbara los dientes o peor, un balazo, ya que lo había visto en la terraza tomando el sol. La bella señora seguramente estaba muerta de risa viendo mi aflicción. Me tomo de la mano, pasando frente a su pareja y me llevo a la cocina a prepararme un bocadillo de jamón serrano. El marido hizo su aparición y yo francamente rezaba. Éste, con toda la tranquilidad del mundo empezó a hacerme la plática dejándome más que confundido, perplejo. Su mujer me había tomado de la mano nuevamente, frente a sus ojos y el ni se inmutaba.

Me dijeron que se encontraban solos y que en la próxima ocasión que estuviera en Valle, los visitara y fuéramos a esquiar a la laguna. Para colmo, el tipo me preparo otro bocadillo para el camino. (En ese tiempo le hubiera puesto veneno al tipo que sedujera a mi esposa)

Mi mente en ese entonces solo concebía relaciones hombre-mujer en exclusiva y jamás pensé que existieran otro tipo de expresiones. La propuesta de convivir con ellos era atrayente pero mis pensamientos no daban para más. Sentía una traición estar con una mujer que me seducía frente a su esposo. Tanto de ella como mía.

Yo era un hombre de ideas cortas. Prejuicioso y orgulloso de mi ignorancia.

El tipo me cayó muy bien y su bella mujer me cautivó. Aun así, no volví a esa casa perdiéndome para siempre de algo maravilloso con una pareja que me dio la oportunidad de atisbar otros mundos. Jamás pensé, ni por un instante, que lo que estaba presenciando era una complicidad de pareja.

Los chicos del grupo me miraban esperando una reacción. Yo correspondía con decisión en mis actos, seguro de lo que hacia, aun cuando no me comprendieran. Estaba ahí, junto a un grupo de hombres extraños, después de muchos años de experiencias.

Para mí, Miriam puede estar con 100 hombres y seguirá siendo mi pareja fiel. Yo, podre estar con la misma cantidad de mujeres y seguiré fiel a ella. Es una forma de llevar en este momento nuestra relación y que a nosotros nos ha funcionado.

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Solo las parejas que llevan años de convivencia saben que es indispensable reavivar la relación con situaciones diferentes. El sexo convencional lo conocemos y no es tan atrayente. La seguridad y hasta la obligación de tener intimidad con tu pareja llega a ser convaleciente, igual a hacerlo en camilla de hospital después de una intervención quirúrgica. Una situación como la sesión de fotos, con la incertidumbre que conlleva, nos mantuvo despiertos, interesados y renovados.

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Por la parte sur, en ese mismo sitio, había una ladera que daba a la presa. No recuerdo de quien fue la idea de hacer unas tomas ahí. Miriam pidió la asistencia de los muchachos.

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Miriam se detuvo mirando el tronco que estaba frente a ella y subió una pierna. Me agradó la pose pero faltaba la cooperación de los chicos que solo la miraban. Miriam se recargó en uno de ellos y le dijo algo al oído. Este, ni tardo ni perezoso coloco una de sus manos en la pompa de mi pareja. (la otra mano no la vi) . A mi querida pareja la estaban agarrando como “cartoncito de cervezas”.

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Le pedí a mi esposa hacer unas tomas en pose de “sacrificio azteca” sobre el tronco pero éste se encontraba torcido y ella no podía acostarse sin asistencia, ya que podía caerse y lastimarse. Los chicos le ayudaron primero a subir y a sostenerla. Ella se recostó tratando fuera cómodo.

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Ya acostada no podía sostener ambas piernas sobre el tronco ya que este se curvaba hacia abajo en demasía por lo cual le pedí a Miriam subiera una pierna sobre el hombro del chico que le estaba deteniendo un tobillo. La tanga blanca trasparentaba la intimidad de mi esposa y los tres hombres que se encontraban próximos la veían con toda claridad.

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¿Seria capaz Miriam de no decir nada cuando sintiera que le bajaban la tanga y quitarle el sostén para verle las tetas? En ocasiones anteriores yo les había pedido a los chicos lo hicieran y Miriam había consentido. Esta ocasión, seria diferente.

Me acerque a uno de ellos y le pedí en voz baja que le bajara la tanga a Miriam. A otro, le subiera el sostén. En dos segundos las manos del grupo cumplieron el cometido. Miriam no replico. Ni siquiera levanto la cabeza para averiguar quien lo había hecho. Sencillamente se dejo. La zorra de mi mujer tenía los pezones erectos signo de que estaba excitada.

El grupo se recreo viendo por unos instantes lo que yo como esposo he visto en nuestra intimidad con esa cercanía. Digo unos instantes porque el vigía anuncio tardíamente que unos estudiantes pasaban, cubriendo precariamente de inmediato a Miriam. Si la vieron desnuda, no lo sabemos.

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Miriam para variar se hecho a reír, cubriéndose con una chamarra mientras yo seguía tomando fotos. Recordé que estando arriba de la roca no se inmuto cuando el pastor con sus borregas casi nos descubre, después los estudiantes. Las interrupciones se estaban volviendo costumbre. Nuestro vigilante anunció que ya no había intrusos y nuevamente le pedí a mi mujer se acostara en el tronco.

La tanga de mi mujer estaba sobre sus tobillos. Cuando ocurrió la interrupción de los estudiantes, alguna alma caritativa se la bajo. Para permitirle más movilidad, otro se la quito y la guardo en su bolsillo. Miriam como buena putita, cooperó. Le pedí a dos de ellos sostuvieran las piernas de mi mujer quien no desaprovechó la oportunidad y sin mas, las abrió, dejando ver su intimidad, desafiante, hermosa, depilada. Se quedo en esa posición unos instantes…

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Pidió levantarse del tronco pues no estaba del todo cómoda y de inmediato la auxiliaron. Dos de ellos la sostuvieran en sus hombros mientras los demás permanecían cerca de ella para otra toma. Ahora mi mujer estaba solo con unas medias y zapatillas blancas, sin sostén ni tanga, dejándose ver y tocar disimuladamente mientras todos (incluyéndome) queríamos cogérnosla ahí mismo, cosa que a esas alturas supongo no le hubiera desagradado a mi mujer.

Parecíamos la versión erótica de Blanca Nieves y los siete enanos.

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Miriam dio por terminada la segunda parte de la sesión de fotos y pidió su ropa. Presurosos le ayudaron a vestirse otra vez. Me regocije cuando vi de nueva cuenta a todos ellos pendientes de los caprichos de mi esposa, amables y a la vez excitados. Uno de ellos le ponía la tanga, el otro el sostén, uno mas la bata y por ultimo, una chamarra que mi mujer declino. Todos tenían contacto físico con ella de un modo u otro.

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Subí la ladera con cuidado para tomar otras fotos desde esa posición y vi el porque Miriam no quiso la chamarra. Mientras dos de ellos la ayudaban a subir, los demás se quedaban rezagados, viéndole el culo. Miriam hacia su parte del juego de forma eficiente y silenciosa. Tampoco quiso cerrarse la bata.

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Regresamos al sendero principal ya que deseábamos hacer otro cambio de ropa. Miriam ya sabiéndose dueña de la situación, se cambio con lentitud. El grupo en esta ocasión ya no se separo de ella.

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Ahora existía más confianza. Los chicos no se encontraban tan cohibidos como al inicio. Miriam nunca estuvo apenada así que ella se encargo de darles confianza y lo hacia muy bien. Ya mas desenvueltos, sugerí que la desnudaran y le hicieran el cambio de vestuario. Claro que aceptaron.

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Miriam dejó se acercaran para percibir su aroma y la fueran desvistiendo poco a poco. Lo hacían con delicadeza y ella se dejaba consentir. Tanta cercanía de los chicos con la intimidad de mi pareja me excitaba y me ponía nervioso.

Cuando nuevamente le quitaron la tanga, Miriam se acercó a uno de ellos y este le beso un muslo y después se acerco a su concha (raja, vagina, almeja, pepa, coño ) quedándose algunos instantes ahí, oliendo la excitación de una mujer que se exponía a siete hombres. Mi mujer subió una pierna al hombro de él para que tuviera mas acceso a su intimidad mientras otro llegaba por la parte de atrás y le tomaba las tetas muy sutilmente.

Miriam tenía una boca en su raja y seguramente una verga restregándole las nalgas. Ella permaneció inmóvil pocos instantes. (Días después le pregunte si le habían metido la lengua en la concha y hasta la fecha no me ha contestado)

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Tomo de la mano a otro varón y se recargó en el, ofreciéndole su culo desnudo para que lo sintiera. A cambio, Miriam dejaba que otra verga entrara en medio de sus nalgas, para corroborar tamaños y disfrutar sensaciones. De cualquier forma, los tocamientos por ambas partes eran ya, mas frecuentes. Miriam estaba en la segunda fase, más puta. Y eso, nos encantaba a todos.

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Miriam es como la gran mayoría de las mujeres, incierta y complicada. Conociéndola, yo sabia que aun cuando estuviera muy excitada, la sesión seguiría siendo solo eso. Una sesión de fotos, tal vez con mucho cachondeo, pero sesión al fin. Necesitaría algo extraordinario para que pasara algo más.

Una seducción lenta y constante. Entre todos, lo estábamos haciendo.

El guión se repitió: Como de costumbre les solicite su generosa ayuda para que desvistieran y vistieran a mi mujer. Como de costumbre ellos, prestos, lo cumplieron. Como de costumbre, tocaron olieron y se acercaron lo más próximo a la intimidad de Miriam y como de costumbre, los estudiantes hicieron su aparición.

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Miriam opto por no cambiarse totalmente. Se dejo la bata y se calzo los tenis. Empezó a caminar por el sendero y los demás la seguimos. La tanga se apreciaba como su única prenda bajo la bata. La vi decidida a dejarse ver, modestamente, ya no solo por el grupo sino por cualquiera que se atravesara en el camino.

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Llegamos a un sitio con el suelo cubierto de hojarasca. Ahí quiso Miriam quitarse la bata y cambiar su atuendo por un camisón blanco, de gasa trasparente. El cambio fue tan rápido que los muchachos apenas se dieron cuenta. Este era demasiado largo y no le agrado a mi mujer así que de inmediato lo cambio por un vestido de corte italiano de espalda descubierta. Si las demás prendas las había elegido por su trasparencia, el vestido me encantaba por su elegancia.

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Nos situamos bajo un puente de piedra y ahí hicimos algunas fotos, las más hermosas, no por lo atrevido, sino por lo artístico, únicamente con Miriam recargada en un árbol. Absortos, nadie se percato cuando otro grupo de universitarios estaban literalmente, sobre nuestras cabezas. Varios de ellos hicieron comentarios propios de adolecentes sobre la modelo y sacaron sus celulares para tomarle fotos o tal vez video. Le pedí a Miriam no se dejara fotografiar y se oculto de los estudiantes. Martin un tanto molesto les regreso el sarcasmo pidiéndoles continuar su camino. Los educandos se retiraron.

Le di la cámara a Martín y tomando mi teléfono celular solicité a otro participante, grabara video.

Tomé de la mano a Miriam y la lleve unos metros más abajo del puente. Miriam me abrazo, tome su vestido y lo enrolle en su cintura, agarrándole las nalgas. Eran las únicas manos que faltaban posarse en ellas ese día. Le pedí girara y simulara que la penetraba por detrás. Ella caminó algunos pasos y puso sus manos sobre una roca mientras yo seguía pegado a su trasero.

En el cuento de Blanca Nieves y los Siete Enanos existe una malvada bruja que echa a perder la felicidad del grupo. Nosotros estábamos a segundos de encontrar la “manzana envenenada”.

Escuchamos la voz sobre el puente de un hombre que dijo ser guardia y propietario del parque. Un hombre común, sin uniforme. Estábamos a 20 metros de él y realmente nos sorprendió a todos. Llego con la actitud de un bravucón, despótico y fanfarroneando su posición. Llevaba instantes viéndonos y por las poses que practicamos imaginó que realmente estábamos teniendo sexo y nos acuso de faltas a la moral. Quería le entregáramos la cámara fotográfica. Para los que vivimos en México, estos bichos son el pan de cada día. Se dicen ser guardias de la moral y son los más despreciables, dados a sentirse importantes haciéndoles la vida miserable a los demás. Su principal alimento son las dadivas verbales o monetarias. Buscaba a través de la cámara, erigirse en Juez y tener algo tangible con lo cual pudiera manejar la situación. Si pensó que éramos unos incautos, estaba a punto de llevarse una sorpresa.

En esa problemática situación pasó algo que nos causo risa y aun lo recordamos: Miriam tenía el vestido en la cintura y las tetas al aire. Para cubrirla de inmediato, tome su vestido y lo subí erróneamente quedando la parte de abajo, arriba (volteado) Por la ansiedad, Miriam lo bajó haciéndome ver mi error, quedando otra vez, desnuda. Yo lo subí, nuevamente equivocado, tratando de cubrirla y ella lo volvió a bajar quedando otra vez desnuda. Una tercera vuelta y seguíamos enfrascados mientras el guardia nos veía. Alguien tuvo el buen tino de darle a Miriam una chamarra y santa solución. Miriam empezó a reírse calladamente y después a carcajearse. El grupo se dio cuenta de lo sucedido y algunos la imitaron.

Le pedí a Miriam hiciera lo posible por cambiarse a su atuendo deportivo. Mientras ella lo hacia yo saque como previsión las tarjetas de almacenamiento de las cámaras y las oculte.

Al mismo tiempo que lo anterior sucedía, Martin había subido la ladera y se enfrento al dizque guardia/dueño y le planto una advertencia de la misma manera que el guardia se condujo: a gritos.

O nos dejaba en paz o le tiraba los dientes.

El guardia llamo a su ayudante que se encontraba cerca y mas tardo en obedecer cuando dos del grupo estaban al lado de Martin, prestos a dejarlos en el lodo. Martín fue ecuánime y le pidió concluyeran el asunto solo dos, sin intervención de nadie más. El guardia se envalentonó y empezó a ladrar insultos pero recapacitó pues Martin se colocó en posición de ataque al tiempo que su ayudante se alejaba un poco advirtiendo los golpes.

El propietario/guardia se retiró, claro, amenazando. Su ayudante le seguía.

Martin regreso con nosotros y nos comentó que todo estaba solucionado. Nosotros no quisimos correr riesgos (nadie sabe lo que un perro rabioso puede hacer) y el grupo lo entendió. Todos nos encaminamos a la salida donde nos esperaba el guardia/propietario y tres ayudantes. Para ese momento Miriam era indiscutiblemente la “abeja reina” y cualquiera de nosotros la hubiera protegido con todas sus consecuencias. No nos dijeron una sola palabra mientras salíamos escoltando a Miriam, haciéndole nuevamente “casita” para que no la vieran.

Mientras abordábamos nuestro auto, el grupo de universitarios hacia lo propio. Al parecer, no solo un salón estaba de excursión. Supongo que adivinaron que la única mujer, la de la vestimenta deportiva era la que nos acompaño durante el recorrido pues los varones trataban de verla con detenimiento y las mujeres menos obvias, con curiosidad. Nos retiramos de ahí lo más rápido que pudimos.

Martin nos hizo señas que lo siguiéramos. A pocos kilómetros de ahí encontramos los típicos puestos de comida al lado de la carretera con tacos de guisado y carnitas que al verlos nos despertaron el apetito. ¡Que ricos! Mi mujer se mesuro en el consumo pues ha sido propensa estos últimos años a subir de peso y desea cuidar su cuerpo (el reto de la sesión también ayudo pues continua bajando).

A los pocos minutos comenzó a llover con intensidad.

Yo, Ernesto, me quede con la impresión de una sesión de fotos trunca. La presencia de los estudiantes nunca me molesto, por el contrario, creo le dio sazón a la situación, pero el ultimo incidente, el del guardia, me enfado por el despotismo que se condujo aun cuando nos reímos de lo chusco de la situación. Mire a Miriam, al grupo y les propuse que hiciéramos unas ultimas fotos al lado de la carretera después de comer. El grupo en su conjunto me miro extrañado.

Yo sabía que esa sesión fotográfica era un milagro y podría no repetirse jamás. De ahí mi insistencia.

Miriam me comento que estaba lloviendo y no se imaginaba escurriendo de agua o con gripa al día siguiente por mi entusiasmo y los hombres la secundaron. Les prometí que serian pocas fotografías y ante mi insistencia, aceptaron.

Terminamos de comer y conducimos en caravana algunos kilómetros buscando de nueva cuenta un sitio apropiado. Mientras mi mujer cambiaba de atuendo dentro del auto, yo me sentía raro al verla desprenderse de su ropa siendo el único espectador. Ella se coloco con dificultad el liguero y medias negras. La tanga y sostén del mismo color ya habían sido usados en la primera intervención así que se puso un juego de color café. Continuaba lloviendo y los vidrios de todos los vehículos se encontraban empañados. Me hubiera gustado que los demás estuvieran afuera viendo como Miriam se desnudaba pero con la tormenta, era imposible.

Lo menos que se esperaban los vehículos que transitaban por ahí era encontrar a una mujer tomándose fotos y menos con ese clima. La discreción no era prioridad. Si, hacer las fotos rápido para que Miriam no resintiera el frio.

Los muchachos no creían que Miriam tuviera la osadía de salir lloviendo. Realmente se sentía un frio endemoniado. Autobuses y tráileres pasaban y dejaban tras de si una fuerte brisa.

Casi me arrepentí de mi solicitud, pero ganó sin dificultad mi excitación. Mi mujer debía pagar el precio de mis continuas erecciones. Mi perversidad quería ver de nueva cuenta a Miriam expuesta. (Si, soy un cerdo)

Miriam me dijo:

-Si me enfermo, me la vas a pagar. Su voz no tenía el tono de excitación. Me dirigió una mirada “especial” esa que tienen las mujeres cuando les “debes” algo.

-Amor, mas tarde te compro un frasco gigante de Vick VapoRub y te embadurno de pies a cabeza. Hasta un tambo completo, pensé.

La lluvia disminuyo en intensidad. Miriam tomo una sombrilla, casi una ruina, pero era la única disponible. Salió del vehículo con su sombrilla endeble de escudo percatándose que la cubría muy poco.

Ni esa escena me conmovió. Al contrario, me volví doblemente cerdo, un perverso completo. Sentí a mi conciencia (un montón de diablitos) haciéndome “la ola” y aplaudiendo por sacar a mi mujer en lencería del interior cálido de un auto, al frio.

Los muchachos en cuanto la vieron, presurosos se acercaron a ella para guarecerla. (Ahora el iluso soy yo). La tanga café se perdía en el culo de Miriam y de la parte de enfrente, se veía minúscula. Además, estaba mal anudada. De un momento a otro, iba a caer y eso esperaba yo.

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La lluvia amaino pero el agua depositada sobre el pavimento era arrojada por las llantas de los vehiculos. Esa llovizna nos llegaba con fuerza y azotaba el rostro a los desprevenidos. Los chicos del grupo trataban de que el agua no llegara a la piel de Miriam pues cada que pasaba algo asi, ella gritaba.

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Le solicité a Miriam se subiera sobre el parachoques (defensa) trasero de la camioneta con el auxilio de los muchachos para que no se resbalara por la lluvia. Martin la tomo de la mano y “como no se acomodaba”, la tomo de las nalgas con confianza y la subió a la camioneta. Mi mujer acepto la ayuda y la manoseada y como muestra se inclino sobre otro participante con lo cual su trasero quedó en el rostro de Martin, quien solo abría los ojos y no se atrevía a algo mas. Miriam ya no reía, gritaba de nerviosismo y frio.

Le pregunte a mi conciencia si con eso era suficiente y me dijo que no. Yo, obedecí.

Esperé que los autos nos dieran la oportunidad de hacer algunas fotos sobre el pavimento. Esto era complicado pues no dejaban de pasar y Miriam tenía que correr con zapatillas. Pasaron algunos minutos hasta que se dio la oportunidad. Los chicos la tomaron de la mano mientras su tanga se bamboleaba al compas de sus nalgas.

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Los muchachos (convencido estoy) no querian que mi adorada se resfriara y la protegian de las inclemencias con su cuerpo, juntandose lo mas posible, para trasmitirle su calor ( o calentura).

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El frio y la llovizna les dieron a los chicos otro pretexto para acercarse a ella. Y a ella otro pretexto para dejarse tocar. Las mujeres inteligentes saben que la mejor manera de cazar a una hombre es dejar que ellos crean que es el cazador. Tal vez no lo crean, pero observen el metodo que utilizan para llevar a un hombre al altar.

De esa manera, mi mujer tenia otra verga entre las nalgas. Todos felices.

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Miriam me dirigió una mirada de súplica. Su piel estaba blanca y con claras muestras de frio. Era hora de terminar con la sesión.

Como despedida pedí que cada uno de ellos posara su mano sobre una parte del cuerpo de mi mujer. Vi manos cubriendo las tetas de Miriam mientras otros le tocaban las nalgas y piernas.

Miriam subió al auto con rapidez y desde ahí se despidió de todos. El frio la estaba entumeciendo. Por mi parte, hable con el grupo y les agradecí de corazón la cordialidad, el respeto y la cooperación que mostraron para hacer de la sesión de fotos, todo un éxito. Martín me entregó su cámara sin más. Un abrazo sincero fue el último contacto que tuve con ellos ese día.

Ya en el auto vi a mi mujer abrigada y con la calefacción máxima tratando de recuperar su calor corporal. Me miró y sentí su calidez. Regresaban mi esposa y mi amante asentadas en Miriam a nuestra intimidad, sin ningún daño, resentimiento o mal rato. Volvía esplendorosa, feliz y excitada a continuar nuestra relación de marido y mujer. Retornaba sin macula, virginal y pura. Tomé su mano y la besé. Éramos otra vez, solo ella y yo.

Epílogo:

En unos días no supimos nada de Martin y el grupo, pero suponemos que la ansiedad de todos lo obligó. Nosotros también queríamos charlar con él. Nos citamos para desayunar y mientras lo hacíamos, él veía en la computadora portátil las fotos. Concordamos en que para ser la primera ocasión, la sesión salió súper bien y quedaron muchas actividades pendientes. Le obsequiamos algunas fotografías para que las compartiera con el grupo.

Miriam, como toda mujer, no aguantaba la curiosidad. Quería saber los comentarios que le habían hecho los chicos. Martin mencionó que después de la sesión, durante dos días, nadie dijo nada, como si no hubiera sucedido. Al tercer día, uno de ellos comentó la sesión y los demás lo siguieron. No podían creer que eso había pasado y aún no lo asimilaban. Para todos, Miriam fue una mujer excepcional. La tenían aun en los ojos, en las manos y se excitaban con su recuerdo. Miriam traspaso con su risa, su cuerpo, su mirada y sus ligeras ropas, el deseo de un grupo. Desde el tercer día, Miriam era tema obligado.

En ocasiones, cuando iban por la carretera, decían: ese es un buen sitio para una sesión de fotos. Uno de ellos oyó de una gruta recién descubierta y fue a corroborar las facilidades existentes. Miriam vivía en el aire, en las fotos y en sus deseos. En el corazón mas joven, Miriam anidó como la mujer deseada.

Su pareja (yo) merecía a sus ojos respeto, aunque no lo comprendían del todo porque sus ideas chocaban. Ellos decían que no podrían permitirse con su pareja algo así ya que la posesión y los celos no los dejaban. Miriam y yo sabemos, por experiencia propia, que lo que vivieron los va a atormentar un largo tiempo hasta que superen sus miedos y lo hagan con sus parejas, con alguien mas o lo olviden. Si, el sexo es una droga persistente y poderosa.

Ayer en la noche, Miriam y yo tuvimos sexo marital. Ella hablaba con palabras entrecortadas de la sesión de fotos y me dijo que mientras estaba en el tronco recostada, en las dos ocasiones se sintió excitada por lo expuesta que estaba en esa posición. Como si leyeran su pensamiento, sintió como le bajaban la tanga y subían el sostén y cerrando los ojos, se excitó aun más. Abrió sus piernas para que vieran sus brillantes labios vaginales y alguien, el más osado, le metiera un dedo o dos. Tal vez dos dedos de hombres diferentes. Tal vez, algo mas…

Llegamos al orgasmo al mismo tiempo.

Agradecemos la ayuda invaluable de nuestras parejas amigas Alma y Alberto (aritau) y (olitomady). Que seria de nosotros sin su apoyo.

10

Sobre esta relato

Autor: Aventurasnocturnas
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Comentarios de Las fotos de mi esposa en Lenceria y desnuda 3

Usuario anónimo (10/06/2011 00:58)

hola t vez bien guapa ojala podamos comunicarnos ya k m gustaria k mi esposa experiment algo asi...
saludotes y besos..

gerardo (10/08/2011 13:52)

que bien se ve tu esposa bien rica y con su conchita depilada super bien yo tambien soy del estado de mexico felicidades

jhony (22/09/2013 08:47)

que ricura de mujer esta super sexy asi kisiera ver a mi mujer es mi fantacia soy de san luis potosi felicidades.
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