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03/09/2013 15:45

Pagando con el propio cuerpo

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Camino de casa mi Amo me obligó a seguirle a cuatro patas yendo detrás de él como una perra obediente y fiel. La gente nos miraba y yo me moría de vergüenza bajo las risas que se echaban las personas al verme y algunos incluso se aninaman a escupir sobre mí y insultarme mientras pasaba pro su lado.

Nada más llegar a casa, me caí al suelo a los pies de mi Amo de modo que mi vestido subió abriéndole la vista a mis orificos en cuyas entradas se podía todavía ver restos de la lafa que no había perdido dejando un rastro detrás de mí mientras íbamos a casa. Me miró a los ojos con desdén, y al inclinarse, agarró mi cabello y me empujó hacie el cuatro de baño. Allí me metió en la bañera y la llenó de agua que en seguida se ensució con restos de tierra y desechos que se habían pegado a mi pecho cuando servía a los clientes de hoy.

El colocó el bote con el dinero que había ganado sobre el borde de la bañera y se me salieron las lágrimas al ver que había muy poco, no había dinero de papel sólo monedas de uno o dos euros. No podría recordar cuánta gente había pasado por mi interior hoy penetrándome a través de todos los orificios. Tampoco el Amo me había puesto un precio fijo, a la mayoría de los clientes les permitía dejarme tanto como consideraran conveniente.

Se me ardía el culo y el agua adquiría el color rojo al disolver la sangre de mi culo que se había secado.

Me dijo que contara cuánto había ganado. Me puse a contar y resultó que había tan solo 30 euros. Se me empezaron a temblar las manos y me puse a llorar. En esto mi Amo me cogió del pelo y tirando hacia arriba me sacó de una patada de la bañera. Con un empujo me hizo sentar en el lavabo y se apretó contra mí abriéndome las piernas con el brusco movimiento de las suyas.

Por primera vez en estos dos días que yo llevaba en su poder infinito le entraron ganas de follarme. Tras verme totalmente destrozada, humillada y tan dependiente de él que tras contar la pasta ni siquiera me atreví a lamentarme en voz alta, sólo me limité a bajar la cabeza y a dejar caer las lágrimas en el agua, expresando con todo mi cuerpo mi disposición a servirle y a trabajar lo que hiciera falta con mi cuerpo, ya que no tenía nada más que perder. En dos días me convertí en la puta menos apreciada, la más barata y humilde servidora. Las ganas de meterme su polla hasta que lanzara gritos que tampoco pedieran misecordia, sino delataran la profundidad de mi caída en la que ni me atrevería a defender ni mi propio cuerpo, se apoderaron de él cuando vio mi cuerpo frágil tiritando en el agua sucia.

Se deshizo la cremallera y mirándome los ojos me cogió de la mano y la arrastró hacia su miembro presionándola contra él, forzándome a acariciarlo. Empecé a rozarla lentamente, él relajó el asimiento pero no la dejó ir, permaneció con su mano sobre la mía dándome a entender que controlaba cada mi movimiento y mi cuerpo en general. De golpe mi hizo sacar mi mano y tras darme una bofetada en el pecho avanzó hacia mi, y sentí su polla dar contra mi coño en un intento de penetrarlo. Me dio otra bofetada y tiro de mi pezón para que entendiera qué tenía que hacer. Llevé mi mano hacia abajo y introduje la cabeza de su miembro en mi vagina. Sentí como su polla ensanchaba mi interior y mi coño se quemaba desgastado por todo lo que había sobrevivido en los días anteriores. Empecé con los movimientos haciendo que su polla se deslizara por mi orificio apretando con todas las fuerzas el borde del lavabo, pues, el detrimiento total producido por todos los que me habían usado antes me impedía obtener lo más mínimo de placer. Con cada empujon sentía como si me estuviera poniendo sobre el corte de una navaja. Pero no pude más y dejé escapar un par de gimoteos a lo cual mi Amo reaccionó acariciando mi mejilla:

- Buena niña. Me gusta que llores. ¿Quieres que me pare?

Asentí temblando. El me proporcionó otro bofetón en el pecho.

- ¿Queieres que me pare?

- No...- dije entre los lloros yo. – Continúa por favor, follame... por favor... por favor... – susurraba yo a medida que se enfurecían sus golpes en mi interior.

Escapé un par de gritos y él me puse la mano en la boca haciéndome chupar sus dedos:

- Cállate y trabaja, puta.

Sus choques se volvían más y más frecuentes y finalmente entró a lo máximo en mi y lo sentí descargarse en mi interior. El permaneció inmovil unos segundos y después me saltó y salió de mi tan violentemente que perdí el equilibro y casi me caí.

No me dedicó ni una mirada más y se marchó del baño. Me sumergí en la bañera sentiendome más usada que nunca mientras su semen salía de mi vagina y se mezclaba con el agua ya bastante sucia de todo lo que llevaba mi cuerpo.

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Sobre esta relato

Autor: Sweetcochino
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