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27/07/2011 15:30

¿Violada por su cuñado?

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Aunque el relato podría encajar en la categoría "No consentido" tambien puede encajar en esta y por lo tanto lo publico aquí.

Eran las seis de la tarde de un viernes de invierno. Maribel abría las puertas del pequeño pub o bar (llámelo cada cual como quiera) donde trabajaba como camarera los fines de semana. Como el local no era demasiado grande trabajaba ella sola y por tanto lo consideraba como su pequeño negocio, como su casa de seis de la tarde a tres de la madrugada.

Ella lo mantenía limpio, ordenado, acogedor y decorado de una forma muy personal, le gustaba sentirse cómoda. Desde el momento en que entraba en él, todo el local adquiría un agradable aroma a perfume, su perfume.

Tras media hora ordenando y preparando todo para acoger a su clientela, abría el cerrojo de la puerta y giraba el cartelito que indicaba que el local estaba abierto al público. En este momento y como desesperados, tres tipos de mediana edad entraban y tomaban asiento en los taburetes que había pegados a la pequeña barra de madera. Sin apenas dar las buenas tardes, los tres hombres comienzan a demandar sus pedidos:

-. Ponme un cubata guapa…

-. A mí me pones un pelotazo bombón…

-. Para mí una cerveza, ricura…

Lejos de ser amigos entre ellos, los tres hombres eran conocidos, clientes habituales… muy habituales… demasiado. Eran los típicos tipos que se acoplan a la barra del bar, sin nada que hacer y ningún sitio donde ir. Sin pareja conocida ni amigos. El del cubata medio calvo, con apenas una mata de pelo sobre ambas orejas, ojos pequeños y oscuros, algo encorvado, muy delgado, bajito, y con una voz muy grave. El del pelotazo, algo más alto, con gafas bastante gruesas, un pequeño bigote mal recortado y muy mal vestido. El de la cerveza era más normal, con unos bonitos ojos azules, mejor vestido, algo más joven y con una forma muy bruta de hablar.

Como tres cuervos, no cesaban de piropear con exceso a Maribel, cada uno por su cuenta queria llevársela al huerto… pareciera que la acosaran. Ella, siempre con la mejor cara y actitud. No le quitaban los ojos de encima, no paraban de comérsela con la mente y ella siempre se mantenía en su sitio, contestando pero de forma cortés y educada. No obstante los tres estaban prendidos de sus encantos.

Cuando yo conocí a Maribel, hace dos años, poco después de que ocurriera esta historia, he de decir que me impresionó demasiado. Era una chica de 24 años, de largos cabellos rubios con mechas algo más oscuras, con unos preciosos ojos azules, muy intensos y una cara angelical, preciosa. De apenas un metro y setenta centímetros y un tipo muy estilizado y sensual. Siempre iba perfectamente maquillada y vestida de forma muy elegante y juvenil a la vez. La sonrisa que te regalaba al hablar con ella denotaba su buena predisposición para con todo el mundo. Tenía un culito bien esculpido y unos pechos medianos que generalmente se insinuaban en el escote. Para que os hagáis una idea os diré que, de vez en cuando y de broma, yo la llamaba Alicia por su grandísimo parecido a la actriz Alicia Silverstone.

No era de extrañar que semejantes tipos bebieran los vientos por ella. Hacia unos años que Maribel no tenía novio… esperaba a su chico ideal y en este aspecto era bastante paciente, no se lanzaba a los brazos de cualquiera. Pretendía que fuera un tipo alto, algo mayor que ella, guapo, buen cuerpo y con dinero, cuanto más mejor. Cierto que son especímenes que no abundan pero realmente ella era digna de alguien así.

Sobre las ocho de la tarde el local estaba bastante animado ese día. Unos siete clientes en la zona de la entrada, donde estaba la barra y tres parejitas en el salón que había al fondo de un estrecho y corto pasillo. Como dije, el local no era demasiado grande, apenas 20 metros cuadrados en la zona de la barra y otros 15 metros cuadrados de saloncito. Por tanto con pocos clientes parecía animado.

Maribel estaba contenta, animada, muy servicial y no dejaba de hablar y atender a sus clientes… su simpatía y saber estar eran sus principales virtudes. Todo a pesar de saber que cada vez que se agachaba, para lo que fuera, varios pares de ojos se clavaban en su culo. Que cuando se inclinaba un poco las miradas desnudaban su escote. Se sentía algo violenta pero lo tomaba como parte del negocio.

Sobre las once de la noche entran en el local una chica acompañada de dos chicos. Uno de ellos era Diego, un tipo de 29 años, metro noventa de estatura, buen tipo, aunque con una barriga que denotaba su afición por la cerveza, cara varonil, muy marcada, ni guapo ni feo, del montón y muy directo y seguro de sí mismo. La pareja se sentó en una mesa situada tras la puerta y Diego se acercó a la barra.

Diego -. ¡Hola Maribel! ¿Cómo va todo?-preguntó dibujando una sonrisa en su cara.

Maribel -. Muy bien Diego… ya ves, trabajando un poco.

Diego -. Ya no me llamas cuñado como hacías antes – dijo frunciendo el ceño.

Maribel -. Jajaja, es normal, después de separarte de mi hermana dejaste de serlo.

Diego -. Es cierto guapetona, pero… ¿Qué importa eso? Para mí siempre serás mi cuñada – respondió con tono conciliador. ¿Me pones tres cervecitas? – añadió.

Efectivamente Diego había estado casado con su hermana. Tras dos años ella le dejó porque se tiraba a toda la que tuviera dos piernas y fuera tan tonta de caer en sus encantos. Por otro lado, era algo machista y en ocasiones muy violento. Toda una joya. Diego cogió sus cervezas y se sentó con la pareja con que había entrado en el bar.

Tranquilamente transcurrió la noche hasta que, a eso de las dos y media de la madrugada, sólo quedaban en el local un parejita en el saloncito y Diego en el mismo lugar donde se sentó al llegar con sus amigos. Estos, hacía rato que se fueron quedando solo él, vaciando el barril de cerveza de vaso en vaso.

Aprovechando que apenas había clientes:

Maribel -. Diego, voy al almacén a traer refrescos para rellenar las cámaras. ¿Si viene alguien le dices por favor que espere, que apenas tardo?

Diego -. Ok guapa, no te hagas problema que yo cuido el castillo – contestó con ciertos síntomas de estar algo ebrio.

Cuando ella regresó miró buscando a su ex cuñado pero no lo encontró. Fue al saloncito donde aún permanecía una parejita de tórtolos. Cuando llegó les encontró muy acaramelados, besándose y acariciándose. Les preguntó que si habían visto a un tipo alto y fuerte pasar por allí. Ellos respondieron que no, que estaban tan distraídos que no habían prestado atención.

Regresó a la barra pensando que se había ido y para colmo sin pagar las tres últimas cervezas. Siguió ordenado y limpiando la cafetera. Al rato se acercó la pareja que aun quedaba, le preguntaron por el importe de sus consumiciones y tras pagar se fueron quedando ella sola. Como solo faltaban cinco minutos para las tres, pensó que sería mejor cerrar la puerta para que no entrara ningún cliente de última hora que la retrasara. Apago las luces dejando solo un par de farolillos para poder ver y que desde fuera diera la impresión de estar cerrado.

Tras ordenar todo dentro de la barra, fue hacia el almacén trasero para dejar unas cajas de cartón vacías. De regreso traía un cubo y una fregona para fregar los suelos después de barrer. Se detuvo en el saloncito para retirar los vasos de las consumiciones de la última parejita en irse.

Fue a llevarlo a la pila de fregar y regresó al saloncito trasero con un paño para limpiar las mesas. Mientras lo hacía sintió que alguien la agarraba por la espalda, muy fuerte, dejándola sin poder moverse. Una gran mano le tapaba la boca e impedía que pudiera gritar. Por su mente pasaban pensamientos sobre cómo y quién podría ser, obviamente estaba sola, no encontraba explicación y eso la infundía un gran temor.

Tras unos segundos de sorpresa escucho que una voz le decía que no gritara o la haría daño. Ella asustada asintió con la cabeza y la mano se retiró de su boca. Giró todo lo que pudo la cabeza y vio con cierto alivio que era Diego, su ex cuñado.

Maribel -. ¿Estás loco? Menudo susto me has dado. ¿Se puede saber qué coño te pasa?- le dijo con voz firme y temblorosa.

Diego -. Cuñadita, me tienes loco… desde el primer día que te vi, cuando nos presentó tu hermana, me pones super cachondo cuando te tengo cerca o pienso en ti.

Maribel -. ¡Vete a la mierda, tarado! Cuando estabas con ella no te aguantaba y desde que os separasteis menos todavía, fuiste un cabronazo.

Diego -. Eso ya poco importa, lo que cuenta es que te tengo bien cogida y que me muero por follarte.

Maribel -. Antes muerta. Tu no vales nada y menos para mí… ¡¡Suéltame de una puta vez!!

Diego -. No me insultes por la cuenta que te tiene. Te follaré quieras o no… con más o menos dolor dependerá de ti.

El rostro de ella volvió a denotar pánico, no sabía qué hacer ni pensar. No se podía mover pues él la agarraba más fuerte y apenas la dejaba respirar.

Maribel -. Diego, déjate de tonterías, ya está bien… como broma lo paso pero, si no me sueltas y te vas gritaré tanto que me escucharan los vecinos.

Diego -. ¿Vecinos? ¿Qué vecinos? Gritar en este local es lo más estúpido que puedes hacer y lo sabes. Nadie puede escucharte.

Efectivamente, ella lo sabía, pero trató de marcase un farol… un bluff que se dice en póker. El local estaba situado junto a un museo cerrado y ubicado en un antiguo palacio, con muros de piedra demasiados gruesos, vigilado por una persona que a buen seguro estaría escuchando la radio o durmiendo en su silla. Debajo había un restaurante vacio, ya que antes de la una de la madrugada lo cerraban a diario. Y ¿Encima? Arriba solo había una vieja casa deshabitada hacía muchos años, a la que solo venia de vez en cuando una señora a hacer la limpieza. Por otro lado, el local reunía las condiciones de insonorización que exigen las normas municipales.

Maribel -. ¡Está bien! Suéltame y hablamos como personas. Te juro que si me haces algo se lo digo a mi padre y no respondo. Sabes que es policía y no quiero pensar lo que te haría.

Diego -. Jajajaja… tu padre me chupa la polla, si no tiene ni media torta.

La situación era cada vez más tensa, ella veía que sus amenazas no surtían el efecto deseado. Presentía que aumentaba la tensión e intentaba pensar.

Diego -. Mira niñata, puedes decir lo que quieras o incluso gritar hasta quedar afónica, pero de hoy no pasa. Estoy tan cachondo contigo que hoy te follo sí o sí. – dijo él con voz decidida mientras le manoseaba las tetas con sus manos, por encima de la blusa.

Maribel -. Déjame de una puta vez, hijo de puta. ¿Quién coño te has creído que eres? Con razón te mandó a la mierda mi hermana. – respondió ella perdiendo los papeles y tratando de soltarse sin éxito.

En ese momento sintió que se ahogaba, Diego la había tomado de la garganta y apretaba muy fuerte.

Diego -. A la puta de tu hermana ni me la nombres. Esa frígida me hizo la vida imposible y si busqué otras tías fue por su culpa. No me toques los cojones que estoy para pocas tonterías. – grito en su oído infundiendo un pánico desconocido para Maribel.

Ante esta situación, ella pensó una posible salida, le notaba totalmente decidido, borracho, sabía que en ocasiones era violento y temía que la cosa fuera peor. Casi de forma instintiva se le ocurrió algo y dijo:

Maribel -. ¡Está bien, hablemos! Te propongo una cosa. Veo que no vas a cejar en tu empeño y si no es hoy será otro día. ¿Quieres follarme? Está bien, follaremos, pero con tres condiciones.

Diego -. Veo que te avienes a razones. Dime cuáles son esas condiciones.

Maribel -. Sé que si me violas no tendrás cojones para silenciarme o algo peor, por tanto, si se lo cuento a mi padre, donde te pille te mata y si te detienen lo harán sus compañeros, sabes que la familia de un policía es sagrada para ellos. Por desgracia, hoy en día irían a la cárcel por culpa de un hijo de puta… no quiero eso.

Diego -. No te pases ni un pelo zorra… como me vuelvas a insultar te juro que no respondo. En cuanto a tu padre… te repito que me chupa la polla… si no tiene ni media torta… ¡¡Dime cuáles son esas condiciones que no tengo toda la noche!!

Maribel -. Está bien: Primero, lo haces con preservativo, no me gustaría por nada del mundo quedarme preñada de ti. Segundo, nada de violencia, no quiero que me dejes ninguna marca. Tercero, un polvo rápido, te corres, te marchas y no quiero volver a verte.

Diego -. ¡¡Joder tía, con esas condiciones me pones más cachondo aun!! Está bien, acepto pero de polvo rápido nada, si te voy a tener una sola vez quiero disfrutarte todo lo que pueda. Te juro que después de hoy no me veras el pelo nunca más.

Maribel se quedó pensativa unos segundos, muerta de miedo y temblorosa. No sabía en que podía terminar todo aquello, pero se sentía indefensa ante semejante mole de carne que casi la doblaba en peso.

Maribel -. Conforme, dejaré que hagas lo que quieras o que te lo haga yo pero… nada de besos ni que me la metas por detrás.

Diego puso cara de felicidad al escuchar aquello. Las palabras de su ex cuñada le estaban poniendo más cachondo aun. Comenzó a magrearle de nuevo las tetas, sobre la blusa y tras unos segundos llegó con una de ellas hasta su vagina, como queriendo meter los dedos por encima de la falda.

Diego -. Ok muñeca, verás cómo te gusta después de todo.

Sin abandonar su posición en la espalda de Maribel, Diego se agacha un poco, compensando la gran diferencia de altura, para ponerle la polla sobre su culo y hacer presión. Con ambas manos comienza a sacar los botones de la blusa de ella. Tras desabrochar el último se la abre, quedando los pechos al aire bajo el sujetador. Los agarra con fuerza mientras echa su aliento en la nuca de la joven. Levanta el sujetador hacia el cuello y toma de nuevo los pechos ya desnudos.

Ella apenas respira, no puede creer que esto le esté pasando. Trata de mantener la calma mientras no deja de ser manoseada.

Diego -. Vamos niña, pon algo de tu parte, sabes que al final te terminará gustando. Quítate tú la blusa y el sujetador, quiero ver cómo te desnudas para mí. – susurra queriendo ponerse seductor.

Maribel -. Eso ni lo sueñes… imagino que tienes claro que no lo hago voluntariamente y por tanto no pienso darte el gusto de que me humilles. Será como si te follaras un cadáver.

Diego -. ¡Ok, como quieras zorra! Si lo hago yo no será tan dulce.

Sin previo aviso, contrariado, toma a Maribel por la cintura y la gira para quedar cara a cara. La levanta y sienta de forma brusca sobre una de las mesas de mármol imitado del saloncito. Con mucha prisa le saca la blusa y el sujetador quedando todo el torso desnudo.

Diego -. ¡¡¡Joder que par de tetas tienes zorra!!! No sabes cómo he deseado siempre vértelas, tenerlas en mis manos, son tan divinas que estaría toda la vida sobándotelas.

Intenta besar a Maribel en la boca pero ella se retira al tiempo que gira la cabeza. El toma sus menudos pero firmes pechos y los besa, los magrea, muerde los pezones. Está completamente poseído. Tras unos minutos se incorpora, y levantándola con un brazo, le sube la falda hasta la cintura y saca las bragas con la otra mano, metiéndose entre las piernas de ella.

Se baja la cremallera del vaquero y saca de ella una enorme polla, la más grande que Maribel ha visto en su vida. Sin duda va acorde con el tamaño de su cuerpo piensa. Como me explicó ella, al contarme la historia, debía de medir como 27 cm de larga y de diámetro unos 4 cm.

Tras sacar semejante artefacto intenta meterla por el coño pero ella cerrando las piernas grita:

Maribel -. ¿¿Qué coño te crees que haces?? Habíamos quedado que lo harías con condón.

Diego -. Lo siento zorra pero no tengo. Además paso de correrme en una mierda de látex. No te pongas tontita que te rompo la cara de un golpe.

Maribel -. Bueno, no te alteres, en mi bolso tengo alguno. Cuando te vayas a correr te lo quitas y me lo hechas donde quieras menos dentro.

Diego -. ¿Tu bolso? ¿Dónde coño está tu bolso?

Maribel -. Lo tengo en la barra. Voy en un par de segundos y lo traigo.

Diego -. ¿Por alguna razón has pensado que soy imbécil? Quieres ir a por él y salir pitando jodida zorra.

Maribel -. No es eso, lo decía en serio. Acompáñame si quieres… nadie nos verá desde la calle.

Así lo hicieron. Fueron hasta donde estaba el bolso, ella lo tomó y ambos volvieron a donde estaban. Él la toma de nuevo por la cintura y levantándola por los aires la sienta en la mesa, dejando el coño casi en el borde de esta. Con algo de nerviosismo, Diego se pone el preservativo y ella no entiende cómo ha podido ponérselo en semejante mástil.

Ya con el condón puesto, Diego se acerca a ella, le abre las piernas y pone el glande en la entrada de la vagina. Con ambas manos la toma del culo y la empuja contra la enorme polla. Maribel abre todo lo que puede las piernas, intenta que su coño se abra todo lo posible para que aquello entre… presiente que le va a doler y mucho cuando entre, antes de que se dilate del todo.

Ella inclina su cuerpo hacia atrás al tiempo que él, de un solo golpe, se la mete hasta la mitad. Ella comienza a gritar por el dolor.

Maribel -. Espera, espera que me duele mucho, lo tengo muy seco y me arde por dentro, hazlo con más cuidado al principio. De todas formas, no la metas del todo porque me destrozas el útero, es demasiado larga para mí.

Tras escuchar esto, Diego la saca, toma un vaso de otra mesa que tiene algo de Coca-Cola, tumba a Maribel en la mesa, la levanta por el culo, le abre el coño con dos dedos y vierte el contenido dentro.

Diego -. Verás como ahora no está seco guarra. Todo son pegas. Deja de tocarme los cojones que me estás calentando la cabeza.

Acto seguido, con ella tumbada, vuelve a colocar el falo en la entrada y sin contemplaciones se la clava hasta que nota que ella grita… debe haber llegado al fondo. Sin esperar nuevas lamentaciones por parte de ella, comienza a follarla como loco, sin dejar de jadear y de maldecir.

Diego -. ¡¡Jodida puta, como me pones!! ¡¡Qué rica que estás!! Si tú quisieras te tendría como a una reina. Te follaría todos los días diez veces con esta tranca… al final, serias tú la que me suplicaras que te follara.

Ella no dice nada, apenas puede dejar de gritar por el dolor de sentir semejante miembro dentro de sus entrañas. Pasado un rato deja de gritar, el dolor ha desaparecido y el inevitable placer le sobreviene. Se controla para no jadear y darle nuevas alas, desea que se corra lo antes posible y que todo esto termine.

Diego aumenta las embestidas a medida que va sintiendo placer… lo ha deseado tanto tiempo que siente unas ansias terribles. No deja de gritar y jadear.

Diego -. Eres una guarra, como todas. En cuanto la tenéis dentro no queréis que salga. Te voy a echar el mejor polvo de tu vida.

Maribel no dice nada, no quiere entusiasmarlo más e intenta contener los jadeos o gemidos. Siente como se corre de forma bestial, cerrando los ojos, concentrándose en no emitir sonido alguno.

Tras unos diez minutos de embestidas continuas y muy violentas, Diego saca la enorme polla y se quita el condón, soltando un chorro de semen descomunal sobre el pubis de Maribel. A este primer chorro le siguen otros tres más que terminan de llenar de leche el vientre de ella. No deja de jadear y de repetir de forma cansina lo increíble que ha sido fallársela.

Maribel se incorpora quedando sentada sobre la mesa, respirando por fin, pensando que todo ha terminado.

Diego -. Ahora quiero que me la chupes, que no dejes ni una sola gota… zorra.

Maribel -. Estás loco si piensas que voy a hacerte eso. Querías follarme y lo has tenido. Habíamos hecho un trato.

Diego -. Perdona bonita, habíamos acordado que me harías lo que te pidiera. Te pido que me la chupes… ¡Yaa!

Maribel, para no enfurecerlo ahora que todo está terminado, se baja de la mesa, se agacha y la mete entre sus labios. Diego, que ve que ella no colabora, la toma de la coronilla con una mano y empuja y suelta la cabeza al tiempo que embiste con la polla, intentando follarse la boca que se la traga. Realmente ella no puede hacer gran cosa pues, debido al tamaño, apenas le entran 5 cm. Siente arcadas y no puede respirar. La saca de la boca pero acto seguido él, la fuerza para tragarla de nuevo.

Tras esta angustia ella se pone en pie con intención de vestirse y dando por terminado todo.

Diego -. ¡He, he, he!! ¿Qué coño se supone que haces? Aun no he terminado contigo. Después de tanto tiempo no creas que me conformo con esto. Quiero más y tú me lo vas a dar.

Maribel -. ¿Qué coño estás diciendo? Esto no es lo acordado. Ya me has follado, te has corrido, te la he chupado… ¿Qué más quieres de mí? además me duele mucho.

Diego -. No me tomes por tonto chiquita, nadie habló de que solo fuera una vez. Además estoy seguro que te ha gustado. Ahora quiero follarte el coño por detrás.

Maribel -. Eso ni lo sueñes cabrón, yo me visto, tu te vas y hasta nunca, no quiero verte más.

Ella, consciente de que después de haberse corrido, dejarse follar de nuevo sería demasiado, tardaría mucho en correrse de nuevo. Mientras piensa esto concibe una posible salida.

Maribel -. Diego, mira, no quiero que te pongas violento por lo tanto haremos una cosa… te hago una paja con la mano y cuando te vayas a correr te la chupo… para que veas que soy razonable… dejaré que te corras en mi boca, te haré una mamada que nunca olvidaras.

Diego -. Si claro, ya veo el arte que tienes… he tenido que follarte la boca porque no vales ni para eso.

Maribel -. En serio, pondré más empeño que antes, la tienes demasiado gruesa para mi boca… te juro que no quedarás descontento.

Diego -. Ni lo sueñes muñeca, te follo de nuevo quieras o no.

Maribel -. Pues nada, hasta aquí hemos llegado.

Dicho esto, ella se da la vuelta con intención de tomar las braguitas y ponérselas. Acto seguido se terminará de vestir. Sin poder reaccionar siente como él la toma por detrás, con una mano la sujeta de la cadera y con otra empuja su nuca contra la mesa. Sin poder evitarlo y a pesar de su resistencia, se encuentra tumbada boca abajo, con una mano empujando su cuerpo contra la mesa y con el culo en una posición muy delicada, delante del ariete que pretende invadirla de nuevo.

Maribel -. Suéltame, hijo de puta. Te juro que te mato.

Diego -. Te he dicho que no me insultes zorra, quiero follarte y cuanto más te resistas más ganas me das de metértela.

Tras esta dramática conversación, Diego toma otro de los condones, se lo pone sujetando a Maribel con uno de sus codos. Tras ello pone la punta de la vega en la entrada y la mete hasta el fondo, hasta tocar el útero… ya no entra más. Ella no disimula su dolor y rabia pero se relaja lo que puede para evitar males mayores. No tiene más remedio que gritar y resignarse.

Las embestidas aumentan en intensidad y velocidad. No deja de taladrar el dolorido coño de Maribel. En cada embestida este chapotea por efecto de la presión recibida y de los líquidos que aún quedan dentro, fruto de su orgasmo. Debido a su estatura, las piernas de ella cuelgan en el aire, no alcanzan el suelo. Su cuerpo resbala en la mesa y va y viene por efecto del semen que pringa su vientre.

El tiempo pasa y aquella bestia no deja de follar a su víctima. Los gritos, al igual que antes, van cesando en intenta calmarse y aguantar como pueda. De repente siente que algo invade su ano. Esta muy expuesto en esa posición, circunstancia que Diego ha aprovechado para meter dos dedos. Ella se teme lo peor.

Maribel -. Déjame el culo cerdo, habíamos acordado que por ahí no. ¡¡¡Córrete de un puta vez y terminemos con esto!!!.

Llegados a este extremo la situación da un cambio radical. El saca los dedos del recto, la polla del coño y se quita el condón. Ella siente que se va a correr y que por fin todo termina. Pero piensa que es poco tiempo para que le venga otro orgasmo.

Nota como él se masajea la polla, como si se hiciera una paja para correrse. Pero nota que algo le moja el ano. Él ha tomado el vaso de refresco, el de antes, y siente como lo ha vertido dentro de su pequeño orificio. De repente el horror dibuja su rostro, siente que Diego pone su verga en la entrada del recto, cómo presiona su frágil cuerpo con una mano, fuerte, contra la mesa y como, sin poder oponerse, aquella monstruosidad se va abriendo paso entre las paredes de su ano, dilatándolo de una manera muy, muy dolorosa. Aunque ella está ampliamente experimentada en la penetración anal, no puede impedir que aquello le haga mucho daño.

Maribel no deja de lanzar gritos, insultos de todo tipo y color, de maldecirlo… pero, a él, esto parece excitarle más y aumenta la violencia de las penetraciones. Realmente la está abriendo en canal, nunca antes la había inundado el culo algo tan grande.

Incomprensiblemente para ella, el dolor va cesando tras un par de minutos y va tornando en placer, un placer mucho más intenso del que sintió al ser profanada en su rajita. Sin darse cuenta siente que alcanza el suelo con la punta de los zapatos, que unos desconocidos calambres recorren sus piernas, sus muslos, su cintura y que, sin más avisos, un fuerte orgasmo inunda su coño.

Maribel -. ¡¡Vamos cabrón, sigue follándome!! No te vayas a parar ahora que has conseguido que me corra de nuevo.

Diego -. ¿De nuevo golfa? Sabía que al final de todo terminaría gustándote. Te haces la estrecha y a fin de cuentas eres como todas, te corres en cuanto te la meten.

Maribel -. ¿Vas a hablar o a follarme? Déjate de palabrerías y métela entera, que el recto tiene mucha profundidad.

Diego -. Como ordenes reina, te voy a meter hasta los huevos. Después de mi polla todas te parecerán poca cosa.

Dicho esto, Diego comenzó a profundizar más con sus acometidas hasta, sin meter los testículos, sí golpear con ellos la entrada del recto. Los gritos de ella se convirtieron en fuertes jadeos y gemidos de placer. Esto ponía como una moto al hombre, le excitaba tanto haber roto la resistencia de su ex cañada que no cejaba en su empeño de intentar meter los testículos también… lógicamente jamás podría conseguirlo y era consciente de ello.

Durante unos diez minutos más, él no dejó de taladrar aquella estrecha cueva. Ella no dejó de gemir y sentir varios orgasmos más, cada cual más intenso, hasta llenar su coño y salir chorreando por su entrada, cayendo en el suelo, gota a gota.

Diego -. Te guste o no, te voy a llenar el culo de leche, vas a tardar una semana en drenarlo. Me has puesto tan cachondo que voy a soñar con tu culo toda la vida.

Maribel -. ¡¡Ummmmm!! ¡¡Ahhhh!! Fóllame cabrón y llena lo que quieras… ¡¡Ummmmm!! Si hubieras sido menos brusco desde el principio los dos podíamos haberlo pasado mejor… ¡¡sí, sí, sí!!... Pero me has violado y aunque me ahora me gusta no te lo perdonaré en la vida… ¡¡Más, más, massssssss!! No dejes de follarme que me corro de nuevo. ¡¡¡haaaaaaaaaa… haaaaaaaaa… haaaaaa!!!

Diego -. ¡¡Pero qué guarra eres!! Desde luego sabes cómo calentar a un tío. Tu hermana, cuando follábamos, también me pedía siempre más.

Maribel -. ¡Deja a mi hermana y fóllame cabronazoooo! ¡¡Ummmmm!! Que corrida más rica. ¡¡Córrete de una vez que quiero sentirla!!

El dramatismo de la situación había dado un giro inesperado; donde antes había dolor ahora el placer era la nota predomínate, algo muy intenso por parte de ambos.

Diego -. ¡¡Me corro puta!! Ahora sabrás lo que es una inundación.

Dicho esto, Diego se detiene bruscamente, apoyando sus manos sobre las frágiles caderas de Maribel. Ella lo imita y cesa en sus movimientos. Él comienza a moverse de forma lenta dentro de las entrañas de ella. Sin decir palabra ninguno de los dos, él se corre dentro del recto, con varios chorros, espesos, calientes. Ella los recibe relajada, dejando su cuerpo como una masa muerta.

Diego -. ¡¡Guaaaaa, que polvazo tía!! Sin duda el mejor de mi vida. Tienes el culo más espectacular que me he follado nunca. Estrecho y con presión, mucha presión.

Maribel -. ¡¡Ummm!! Pues hazte a la idea de que ha sido la primera y última vez, nunca más… grábatelo en la cabeza.

Tras correrse, Diego deja de hacer presión sobre el cuerpo de Maribel contra la mesa. Saca su miembro y se retira un poco. Ella, se pone en pie como puede, está después de todo muy dolorida; el ano le quema y el coño le escuece.

Se gira quedando frente a él, se agacha abriendo el ano todo lo que puede para que el semen desagüe su interior. Toma la descomunal verga con ambas manos y la limpia con ellas lo que puede. Acto seguido se la mete en la boca y… esta vez sí, le propina unas chupadas que terminan de secar la polla que la sodomizaba…

Al narrarme mi amiga la historia, reconocía que lo hizo por instinto, que una fuerza incompresible la impulsó a ello… que no lo hizo por placer o complacencia, más bien intentando retener en su mente aquel momento y aquella polla, la más grande que jamás había visto y … como no, follado por delante y por detrás, que la había ¿violado? Ya no sabía que pensar, el cambio radical en sus sensaciones y pensamientos, propios del momento, aun la confundían el día que me lo relató

Tras todo esto, ella le ordenó que se fuera, que no quería verlo nunca más ni saber de él. Diego, guardando su miembro en los pantalones, se dirigió hacia la puerta y ella la cerró después de marcharse éste. Se dirigió a los aseos con una pequeña palangana que había cogido del almacén. Después de lavarla a conciencia, la lleno de agua y la puso en el suelo. Entre sollozos se agachó y quedó encima, en cuclillas y se lavó sus partes íntimas durante un buen rato. Finalmente se vistió por completo, se arregló un poco el cabello y la cara y se marchó a casa, dejando todo lo relativo al bar para el día siguiente.

¡En fin! Esta es la historia de cómo mi amiga Maribel fue ¿Violada? Por su ex cuñado. Pongo la palabra violada entre interrogaciones porque ni ella misma, a día de hoy, sabe cómo calificar aquello. Me ha costado mucho convencerla para permitirme escribir este relato. Ella no ha querido hacerlo pues se reconoce torpe para hacerlo con un cierto estilo. Al final lo he conseguido y aunque los nombres son reales, solo la conocemos sus amigos que obviamente sabíamos de su historia.

Al igual que vosotros os estaréis preguntando sobre… ¿Será verdad o no la historia? Confieso que, cuando me la contó, yo misma me planteé la misma cuestión… obvio que la creí, es mi amiga y no es fácil contar algo así… de todas formas ¿Qué más da? Es solo un relato. Del mismo modo me ha comentado que jamás contó en su casa lo sucedido y que desde entonces no ha vuelto a saber de semejante bestia.

Por descontado que tanta memoria no tengo, por lo tanto, en algunos pasajes, he dejado volar mi imaginación para interpretarlo a mi modo y hacerlo entendible. Por descontado, tras lo dicho, los diálogos son una interpretación libre de lo que recuerdo, otros son más o menos literales o al menos fidedignos

Muchos besos para todos y todas y en especial para ti Maribel… espero que te guste como ha quedado.

Esmeralda.

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Autor: Sexyplayer
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