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24/10/2011 15:48

Violadas, enculadas y las muy putas piden más

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“ Violadas, enculadas y las muy putas piden más”

.- Vamos indio, ¡Córrete de una puta vez, que quiero llenar ese estupendo culo de leche! - Ordena don Pedro.

.- Calma don Pedro, deje que la encule un par de minutos más y después la lleno el coño de leche. – Responde el indio – esta vez la ha escogido muy bien, señor; guapa, alta, de largo cabello moreno, grandes y firmes pechos y un culo imponente… es una pura diosa. – añade completamente fascinado.

Tras un par de minutos sale del culo de la hermosa Sonia y le mete la verga por el coño, de un golpe certero. Próximo a alcanzar el orgasmo, el hombre acelera hasta que, entre rebuznos de placer, consigue correrse inundando el coño de la joven. Sin tiempo que perder, don Pedro aparta al indio de un empujón y se apresura a hincar la polla en el ano de la desdichada que, tumbada boca abajo sobre una gran mesa de madera y con las piernas colgando, lo recibe agarrándose fuertemente al borde de la mesa, apretando los dientes y lanzando un grito de dolor al sentir como abren las paredes de su recto.

Don Pedro agarra a la joven del pelo y tira de su cabeza al tiempo que la encula sin piedad, una y otra vez, sin tregua y con una inusual violencia. Tras cinco minutos de incesante castigo comienza a rebuznar, señal de que se está corriendo. La joven no necesita escuchar el escándalo para saberlo, pues siente que un torrente de líquido abundante y espeso anega su recto.

.- Muy bien guapa, te has portado como una verdadera puta – dice el hombre mientras sale de ella y le propina un fuerte azote en la nalga que ella recibe con un pronunciado quejido.

.- ¡Gracias don Pedro! ¡Gracias don José! Esta vez he disfrutado como nunca – responde Sonia con gesto de satisfacción.

Los dos hombres se visten, don Pedro saca una llave de su bolsillo, abre la puerta y ambos se van tras cerrarla, riendo y presumiendo de lo bien que lo han pasado.

Sonia se incorpora de su incómoda postura sobre la mesa, se dirige hacia el rincón donde sentada, con las piernas flexionadas y apretadas contra el pecho; permanece Ana, con la frente apoyada en las rodillas. Se sienta a su lado y le acaricia la nuca.

.- ¡Vamos nena! Todo ha pasado, ya se han ido – le dice a la preciosa Ana tratando de infundirle sosiego.

.- No entiendo cómo puedes disfrutarlo Sonia, no entiendo por qué estamos aquí. – responde Ana entre sollozos.

.- Es sencillo de entender nena. Hace, por lo menos, doce días que estoy aquí, llegué igual que lo hiciste tú. Un buen día desperté y me encontré en esta pequeña habitación, desnuda del todo y sin rastro de mis cosas o ropa. Intenté por todos los medios salir pero, como sabes, la puerta no tiene pomo y solo se abre desde fuera, no hay ventana alguna y, salvo una mesa, dos colchones en el suelo y un pequeño Wáter para que hagamos nuestras necesidades, no hay nada más. Estamos atrapadas e intento esperar una oportunidad como puedo. Los primeros días me resistí, igual que lo haces tú que solo hace cuatro que llegaste, pero me cansé de recibir golpes para terminar de la misma manera; violada por delante y por detrás. Como has visto no podemos hacer nada frente a ellos. – explica Sonia conteniendo las lágrimas y mostrando entereza para tranquilizar a la preciosa Ana.

.- Te entiendo Sonia, pero prefiero que me maten a golpes antes que soportarlo un día más. – responde Ana sin dejar de restregarse los llorosos ojos. – yo estaba tan feliz con mi novio en una discoteca, un sábado por la noche, y cuando desperté me encontré aquí encerrada, contigo. – añade aumentando el llanto.

Sonia abraza a su compañera de infortunio y le acaricia el cabello, meciéndola levemente y tratando de calmarla.

.- Tienes que tener en cuenta una cosa, ellos son dos hombres: Don Pedro mide más de 1.80m y pesa como 90 kg, a pesar de tener unos 50 años está bastante fuerte y nada puedes hacer; el indio, nunca lo llames así directamente o te parte la cara, aunque más pequeño también es muy fornido, por la pinta me da que debe de ser mejicano y por el trato debe de trabajar para el viejo. Frente a dos individuos así no podemos hacer nada. Recuerda que las dos veces que te han sometido te han atado a la mesa y nada has podido hacer. Solo nos queda esperar una oportunidad. Por otro lado, ten en cuenta que han visto que tu culito aun está virgen y lo han respetado… de momento. – alega Sonia aportando razones de peso para que Ana piense fríamente.

Tras un buen rato charlando, Ana consigue calmarse al saber que Sonia estaba un viernes por la noche en una discoteca de Valencia, celebrando su 25 cumpleaños con sus amigas y que, sin saber cómo, despertó en esa habitación simplemente vestida con un pequeño reloj de pulsera. Solo de esta forma es consciente del tiempo que lleva allí. Al igual que Ana, es una joven con un cuerpo espectacular y una carita preciosa, tal vez el motivo por el que se encuentran ambas en esta situación. Consiguen quedarse dormidas cuando poco o nada queda por decir.

Por la mañana ambas despiertan alertadas por unos gritos de mujer. Provienen supuestamente de otra habitación no muy lejana, donde al menos hay otras dos chicas. Sus captores suelen entretenerse con ellas por las mañanas, mientras que las noches las reservan para Ana y Sonia. Ambas pueden escuchar las voces de don Pedro que ordenan silencio y los gritos cesan. De esta forma quedan mudas ambas, intentando escuchar algo que les indique lo que pasa. Pero no es necesario, las dos imaginan claramente la situación.

Durante el resto del día Ana y Sonia lo pasan hablando. Ana recuerda que tiene 19 años y que estudia en la universidad de Valencia, que tiene novio y que era muy feliz con él. Vive con sus padres y teme que estén todos muy preocupados. Sonia por su parte, afirma ser agente de seguros y estaba feliz por cómo le iban las cosas. Pero lamenta que nadie la eche de menos, pues es bastante alocada y casi siempre anda perdida para sus conocidos. Vive sola y apenas habla por teléfono con la familia un par de veces al mes.

A eso de las seis de la tarde se abre la puerta y aparece el indio con un plato en el que trae dos grandes bocadillos. Los deja en la mesa y se marcha. Las dos jóvenes se levantan del rincón donde permanecen sentadas y se abalanzan sobre la comida que devoran en escasos minutos. Sólo las dan de comer una vez al día y su dieta se basa únicamente en bocadillos de embutidos.

Poco antes de las diez de la noche ambas sienten unas voces que provienen del otro lado de la puerta y que se aproximan. Ven como se abre la puerta y entran don Pedro, el indio y otro hombre al que desconocen, de aspecto distinguido y de unos cuarenta y muchos años. Los tres vienen charlando y riendo: sin duda animándose para una sesión de sexo gratis y forzado, que es lo que parece gustarles.

.- Esta noche te toca a ti, flacucha – dice don Pedro dirigiendo su mirada a Ana – es hora de que estrenemos tu lindo culito y goces como una perra. – añade con aire lascivo.

Ana trata de esconderse en el rincón, abrazándose a Sonia, temblando y derramando lágrimas de pavor. Pero de repente y sin esperarlo…

.- Me decepcionáis mariquitas – Sorprende Sonia a todos mientras se levanta y se coloca frente a los tres machos. - ¿Me vais a decir que preferís ese culito flacucho y cerrado al mío, que está ansioso de ser follado por tres grandes vergas? – añade, claramente retando a los tres folladores.

.- Realmente eres una grandísima zorra, Sonia. Si es lo que quieres… ¡Que así sea! – Responde don Pedro mientras comienza a aflojarse el cinturón.

Los tres hombres comienzan a desvestirse y Sonia se apresura a mamar las vergas a medida que van quedando libres. Lo hace con esmero y maestría pues es consciente que de esta forma complaciente todos se olvidarán de Ana.

.- Esto no me lo habíais contado amigos. – dice el desconocido que responde al nombre de Ezequiel – pensé que serian menos sumisas que, a decir verdad, lo prefiero. – añade frunciendo el ceño y con aire contrariado.

.- Pues que sepas que solo vas a mirar como tus amigos me follan, ¡Cabronazo! Ni sueñes con meterme eso dentro de ninguno de mis orificios – Responde Sonia con aire retador y sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos.

.- ¡Indio, sujétame a esta puta que voy a ensañarla lo que es tener respeto! – ordena mientras gira a la joven, la recuesta sobre la mesa y deja el culo bien expuesto.

Sonia intenta resistirse, sin poder hacer nada al ser aferrada fuertemente de las muñecas por el indio, desde el otro lado de la mesa. Ezequiel se coloca detrás, abre las piernas de la chica con los pies, coloca la gran verga en el ano y la mete de un golpe certero y muy violento.

.- ¡Hijo de puta, cabrón… sácala o te juro que te mato! – Grita Sonia intentando revelarse.

Don Pedro no pierde detalle de todo lo que ocurre y no deja de reír, entre trago y trago a una de las botellas de vino que han traído con ellos.

Durante cinco minutos la chica no deja de moverse, intentado zafarse de las fuertes manos del indio que la sujetan con firmeza. En este tiempo, don Ezequiel no cesa de sodomizarla con violencia y velocidad, completamente excitado por la resistencia de la sometida. Termina saliendo el recto, por indicación de don Pedro que reclama su turno para sodomizarla. Sonia aprieta los dientes pues sabe que le va a doler la embestida. Este tipo tiene verdaderamente una polla descomunal, más que por larga por gruesa. El hombre coloca la verga en la entrada y la va metiendo hasta golpear el culo con los cojones. Los gritos de Sonia son de verdadero dolor pero van cesando a medida que es enculada sin remisión. Finalmente termina relajando el esfínter y se deja hacer.

.- ¡Ves Ezequiel! A esta puta hay que saber tratarla y que sepa quién manda. Es mejor que sea complaciente a rebelde. – trata de explicar a su amigo las ventajas de follar un culo sumiso y receptivo.

Tras un rato taladrando el culo de la chica, le toca el turno al indio. Ya no hace falta sujetar a Sonia pues se deja hacer complaciente, e incluso meneando el culo, con gracia, antes de ser penetrada, como si lo esperara con ansias.

Durante algo más de una hora, los tres machos no dejan de dedicarse a dilatar el ano de la joven, follándolo con violencia e intercambiándose cada cierto tiempo.

.- Te voy a llenar el culo de leche – dice don Pedro mientras perfora el recto de Sonia por enésima vez.

.- ¡Síii, deja dentro de mí hasta la última gota! ¡Gustosa lo recibiré! – replica ella con síntomas de gozo.

El hombre acelera las embestidas y durante unos pocos minutos no deja de entrar y salir del dilatado orificio. Termina por correrse y Sonia vuelve a escuchar los rebuznos de placer mientras siente que el recto se calienta por efecto del semen. Cuando don Pedro termina, sale de ella y se retira.

.- Vamos puta, ponte en cuchillas sobre el suelo para que salga la leche, no quiero meterla en un culo lleno de semen. – Ordena don Ezequiel.

Ella obedece y durante unos segundos aprieta, en esa posición, para expulsar hasta la última gota. Cuando termina se coloca de nuevo en posición, abriendo bien las piernas y esperando ser sodomizada de nuevo.

Don Ezequiel se coloca en posición y la clava sin piedad. A estas alturas Sonia no siente dolor y gime y clama por ser follada a conciencia. Esto estimula al vejete que, en apenas un par de minutos después, termina inundando de nuevo el recto de la joven. Cuando termina, ella repite el mismo ritual para evacuar la leche y que quede el orificio limpito para ser penetrado por el indio. Este se apresura, ansioso de desfogarse, y lo taladra una y otra vez hasta conseguir regar por tercera vez la retaguardia de Sonia.

La pobre no da para más, pero se mantiene entera y con aire lascivo. Los tres machos se miran satisfechos y gozosos por el rato pasado. Comienzan a vestirse cuando…

.- ¿Ya está? ¿Eso es todo? ¿Me vais a dejar a medias? – pregunta Sonia con aire descarado y sumiso.

.- ¿Y qué más quieres puta? ¿No has tenido bastante? De buena gana te follaba de nuevo ese esplendido culo, pero tengo que marcharme, me espera mi mujer. – Replica don Ezequiel.

El indio no da muestras de querer más. Solo don Pedro parece estar dispuesto a un segundo asalto y responde afirmativamente.

.- Pero vamos a otro sitio, machote. No quiero que Ana nos mire, me incomoda oírla gimotear. Además, quiero que me folles en un lugar más cómodo, en mejores condiciones y por el coño, el culito ya lo tengo satisfecho.

Don Pedro se queda unos instantes pensando y finalmente se decide.

.- Está bien, esta noche dormirás conmigo. Pero como te portes mal te mato a golpes, quedas avisada.

.- Tranquilo don Pedro, no daré el menor problema, solo quiero disfrutar de su enorme verga en mi coñito complaciente. – Responde Sonia mostrándose asustada.

Terminan por vestirse los hombres y salen los cuatro de la habitación. Al cruzar la puerta, Sonia se gira y mira con complicidad a su compañera de cautiverio. De camino al exterior, la chica puede ver que la habitación donde ha permanecido los últimos 12 días está situada dentro de lo que parece una bodega de vinos, a juzgar por la gran cantidad de barriles que se amontonan en las paredes de ladrillo con techo abovedado. Apenas hay luz y los cuatro se alejan por un largo pasillo hasta llegar a la casa, tras subir por una pronunciada rampa. Los tres hombres apuran sus respectivas botellas de vino y se despiden, quedando solos Sonia y don Pedro. Este la toma fuertemente por la muñeca y tira de ella hasta llegar a un gran dormitorio. El hombre parece estar muy bebido y con ganas de querer seguir disfrutando el espectacular cuerpo de la muchacha.

De un empujón la lanza sobre la cama y comienza a desvestirse. Ella se acomoda y lo espera con las piernas abiertas, mostrando el coño que días atrás estuvo completamente depilado y que, con el paso del tiempo, ha visto como el vello crecía por falta de mantenimiento. Don Pedro se acomoda entre las piernas de ella y clava la dura y tiesa polla en el coño. Comienza a follarla sin remisión arrancando gritos de placer de la joven. De repente, ambos sienten unos pasos por el pasillo de alguien que se acerca. Don Pedro se gira y puede ver que es el indio.

.- Lo siento don Pedro, no quiero molestar, pero se me ha quedado clavada la espinita de follar de nuevo a esta perra, esta noche me ha puesto muy cachondo. Claro está, si usted me da su permiso. – Dice el indio con claro respeto hacia el que parece, sin duda alguna, su señor.

Don Pedro acepta y le ordena que se desnude y tumbe en la cama. Cuando lo hace, ordena a Sonia que se siente encima del indio y se la meta en el coño. El se acomoda detrás de ella.

.- Vamos indio, hagamos que esta guarra se corra. En todos estos días aun no he visto que lo hiciera. – dice con tono decidido al tiempo que destroza de nuevo el recto de la chica que después de un rato se ha cerrado.

Ella vuelve a gritar, como es costumbre cada vez que esa gruesa verga la sodomiza. Durante más de cuarto de hora, ambos hombres no cesan en su empeño de infringirla dolor y placer hasta que consiguen que se corra entre jadeos y gritos de placer. Al mismo tiempo el indio se corre también, mezclando su semen con los flujos que manan del interior de Sonia. Ambos quedan parados tras terminar y el enculador pierde el ritmo y el deseo por la falta de colaboración.

Se separan y don Pedro murmulla algo en el oído del indio. Éste, rápidamente se viste y sale de la estancia. Mientras don Pedro vuelve a follar el ano de la chica, durante unos minutos, hasta que regresa de nuevo el indio con algo en las manos. Sonia lo mira y le parece una especie de pequeño potro de madera. El indio lo coloca en el centro de la habitación y…

.- Ahora vas a saber lo que es una buena enculada. – dice el señor a Sonia que lo mira con asombro.

Entre los dos la acercan al artilugio donde supuestamente la van satisfacer de gozo. La acomodan dejando el culo bien expuesto, con las piernas y el tronco cayendo por ambos lados del potro. Don Pedro se coloca detrás de ella y la embiste por detrás, sin mediar palabra, comenzando a follarla sin piedad. Sonia apenas puede moverse y mientras es sodomizada por… ni recuerda cuantas veces van ya, ve como el indio toma unas cuerdas y comienza a atarle las manos a las patas del artilugio. Se resiste pero sin éxito pues el enculador la sujeta fuertemente mientras le taladra el trasero. Finalmente, el indio termina atándole los tobillos, a las patas restantes. Totalmente inmovilizada su enculador termina corriéndose e inundando de nuevo el recto.

.- ¿Qué coño os proponéis atándome de esta forma? – Pregunta ella temiéndose lo peor. – Vamos chicos, lo podemos pasar muy bien sin necesidad de cosas raras. – añade con la voz temblorosa y tratando de ser positiva.

No obtiene respuesta y nota como el señor se aleja por su espalda sin saber que hace. Le preocupa haber perdido el control de la situación. Pero sale de dudas cuando don Pedro regresa y le muestra lo que trae en las manos. El indio se apresura a colocar en la boca de la chica una gran bola de madera, obligándola a abrirla todo lo que puede y la anuda en su nuca para que quede bien sujeta.

Sus ojos parecen salirse de las orbitas al verse en esa situación y contemplar que don Pedro sostiene en sus manos dos vergas de madera tallada, parecidas a las de los caballos y de dimensiones descomunales: Al menos 7 cm de diámetro y entre 25 y 30 cm de largo.

.- Ahora vas a tener lo que buscabas jodida guarra – Dice don Pedro con voz de satisfacción por lo que va a ocurrir.

Sonia intenta gritar y desligarse sin éxito. La situación ha cambiado de forma muy negativa. Nota como algo frio empieza a cubrir su ano, por la sensación parece que es vaselina o algo parecido. El coño y el ano aun siguen evacuando los restos del semen recibido antes. Nota como don Pedro le perfora de nuevo el culo y respira tranquila de momento. Pero tras un par de embestidas el hombre sale de ella y con los dedos trata de abrir al máximo el orificio anal. Cuando está satisfecho comienza a introducir una de las vergas de madera, ensanchando el esfínter al máximo y robando un par de lágrimas de dolor de los ojos de Sonia que, sin poder gritar se limita a intentar moverse para zafarse. No lo consigue y siente como, sin remisión, aquello le dilata el ano como nunca antes lo había sentido. Al llegar a la mitad, don Pedro se detiene.

.- ¿Verdad que esto es lo que querías, guarra? – le increpa el hombre al tiempo que sigue profundizando hasta meter el enorme falo casi por completo.

La pobre no disimula el gesto de dolor mientras siente como aquello entra y sale cada vez con más ligereza. Sin duda el esfínter no da más de sí pero cede lo suficiente. Tras unos interminables minutos, el indio se coloca detrás de ella, introduce la verga en el coño y la folla con ganas al tiempo que mete y saca la de madera en el recto. Parece que la situación el excita bastante y folla con ganas.

Don Pedro sale del dormitorio y regresa a los pocos minutos con un par de botellas de vino. Se acera al indio y le da una. Éste deja de follar a Sonia y ambos beben directamente de la boquilla, como si quisieran terminar con su contenido de un solo trago.

.- ¿Verdad que te ha gustado putita? ¿Es esto lo que querías? - Pregunta el señor a la chica con aire socarrón.

Ella responde que no con la cabeza y con los ojos encharcados en lágrimas.

.- Verás, te voy a liberar la boca y, si nos haces una buena mamada a los dos, te dejamos en paz. Pero nada de tonterías, quedas avisada. – Le dice mostrándose algo compasivo.

Ella responde afirmativamente con la cabeza y con un profundo sí que sale casi con claridad por la nariz. Le liberan la boca que parece haber quedado dormida y sin más explicaciones, el indio mete su polla hasta los huevos. Comienza a follar los labios al tiempo que Sonia se esmera en hacerlo lo mejor que puede. Tras unos minutos consigue que el indio se corra, por tercera vez en esa noche, llenando su boca de leche. Pero… antes de sacarla.

.- ¡Trágatela toda, puta! Si la escupes te destrozo el culo – ordena con tono amenazante y resuelto.

Ella traga como puede y se dispone a recibir la segunda polla en la boca. Ésta, al ser más gruesa entra menos, pero del mismo modo se emplea a fondo para que se corra don Pedro. Tras bastantes minutos lo consigue, recibiendo de nuevo en su boca un par de descargas de leche que traga también para no desatar la ira del indio.

Ambos hombres se separan de ella y juntos salen del dormitorio con intención de buscar más vino y seguir engulléndolo. Ella queda sola, en esa situación, sin decir nada por miedo a enojarlos.

Tras una hora, más o menos, ambos regresan claramente ebrios al dormitorio.

.- Don Pedro, ¿Quiere que la baje de nuevo a la bodega? – Pregunta el sirviente a su patrón.

.- No, deja que pase así la noche. Lo mismo al despertar me apetece follar de nuevo ese precioso culo. – Responde y despide al servil.- A esta puta ya la tengo dominada y hará cuanto yo quiera – Añade y se deja caer sobre la cama, donde queda profundamente dormido casi al instante.

Sonia sabe con certeza que el indio se ha ido en el momento que siente cerrarse la puerta de la calle, escucha como se pone en marcha un coche y éste se aleja.

Al día siguiente don Pedro se despierta, abre los ojos con claros síntomas de resaca y siente que algo le golpea dentro de la cabeza: es un profundo dolor fruto del vino bebido durante la noche. Pero algo le incomoda, siente que no puede moverse. Cuando es plenamente consciente de la situación nota que está en una posición bastante incómoda, atado en el potro donde había dejado a Sonia antes de dormir, en la misma posición y fuertemente amarrado. Mira hacia su derecha y ve al indio tendido sobre la mesa del cuarto de las chicas, con el pecho sobre el tablero y fuertemente atado de pies y manos, desnudo al igual que él. Puede adivinar que éste tiene numerosas magulladuras en el rostro y restos de sangre por el cabello. No puede decir nada, pues tiene la boca ocupada por la bola de madera que la noche anterior había usado para acallar los gritos se Sonia.

.- y bueno… ¿Qué opinas ahora de la situación… Pedrito? Sin duda ha dado un giro que no esperabas. – le dice Ana con un tono bastante sobrado. – os tenemos una sorpresita reservada. – añade.

.- Imagino que te estás preguntando ¿Cómo ha dado un cambio tan radical la situación? – Pegunta Sonia a quien antes era don Pedro y que ahora es simplemente Pedrito. – Te voy a complacer. Esta noche te has quedado dormido como un cerdo, sobre la cama, ebrio y sin sentido. Como he podido, he levantado una de las patas del potro y he sacado la ligadura de uno de los tobillos por el extremo, después el otro y, una vez liberadas las piernas he hecho lo propio con las manos. Después te he atado a la cama, lo que me ha resultado fácil pues resoplabas como un asno, ahogado en vino. He bajado a buscar a Ana y, entre las dos, te hemos traído hasta aquí, barriendo todo el suelo de la casa y de la bodega con tu cuerpo. Finalmente te hemos atado a conciencia, sin cometer el error que cometiste tú. – añade mostrando cara de plena satisfacción.

.- Después, - Sonia le explica- hemos cerrado la puerta que comunica la rampa con la casa, con el cerrojo, desde dentro, para… de esa forma obligar al indio a bajar por las escaleras que comunican con el patio. Ella se ha colocado debajo para sujetarle los pies al descender y que cayera rodando. Al final esperaba yo, escondida con un bastón para rematarlo si no quedaba inconsciente. No ha sido necesario, pues el hijo de puta ha quedado noqueado y casi se abre la cabeza. Por suerte para nosotras no ha sido así, pues así podrá disfrutar también de la sorpresa que os hemos preparado. – Termina de explicar.

Pedro no da crédito a lo que escucha y sin poder valerse de sus fuerzas se afana por liberarse sin conseguirlo. El indio aun permanece confundido tras el fuerte golpe sufrido.

.- Ana, toma el bastón que ahora vengo. Si alguno intenta algo no dudes en darle bien fuerte – Ordena Sonia que sale de la estancia.

Al rato regresa con algo escondido tras la espalda. Se acerca a los hombres y les descubre el misterio. Pone ante la vista de ambos machitos los dos enormes falos de madera. El indio al verlo recobra el conocimiento como por arte de magia. Pedrito intenta decir algo pero no puede al tener la boca taponada. Sonia siente curiosidad por saber que dice y se la libera.

.- ¡Putasss, cuando me soltéis podéis consideraros muertas! – dice, esta vez de forma muy clara y amenazante.

.- ¿Quién te ha dicho que te vayamos a soltar hijo de puta? – Replica Ana propinándole un fuerte golpe en la espalda con el bastón.

.- Bueno Ana, ¿Estás preparada? ¿Te sientes con ánimos para hacer lo que tenemos que hacer? – Pregunta Sonia.

.- Sí amiga. Si veo que dudo me animo viéndote a ti.

Ambas chicas ya tienen un plan trazado. Se desnudan ante la vista de los dos machos sometidos. Se coloca cada una a la altura de la verga de los hombres y comienzan a mamarlas con ganas, intentando que se les ponga muy dura y tiesa. De esta forma pretenden que estén cuando comiencen a dales placer en serio. Cuando han conseguido que aquellas vergas se levanten, se retiran y se ubican detrás de los tipos. Sonia da una de las super vergas de madera a Ana y se preparan.

.- Es el momento Ana, no dudes, piensa en todo lo que nos han hecho, que estoy segura que les gusta igual que nos gustaba a nosotras. – Trata de infundir valor Sonia a su nueva amiga. – Aprieta con fuerza y no pares hasta partir en dos el culo del indio. ¿Ves la cara que pone de estar ansioso?

Ambos hombres se temen lo peor cuando sienten la punta de la verga de madera en la entrada de su orificio negro y peludo. Gritan y piden que paren a las jóvenes, implorando que les perdonen. Esto estimula a Sonia que sin pensarlo comienza a empujar con fuerza, apoyando todo su peso sobre el enorme falo que, con gran esfuerzo, comienza a introducir en el recto de “ Don Pedro” . Éste no tarda mucho en comenzar a gritar, insultar y suplicar entre lágrimas, como una nenaza. El indio que lo escucha parece encomendarse a todos los santos del Cielo en el preciso momento que Ana comienza a ejercer presión, con todas sus fuerzas, ayudándose por el poco peso de su delgado cuerpecito. Este comienza también a gritar y llorar, llegando a caer más bajo que su señor pues además culpa a éste de todo, alegando que lo obligaba a participar. Cuando ambos falos se han abierto camino en los respectivos rectos varoniles ambas paran para que los mariquitas llorones asuman la nueva situación.

Cuando han dejado de sollozar como nenas, Sonia hace un gesto con la cabeza a su amiga y empujan con todas sus fuerzas hasta meter los artilugios de madera casi por completo, desgarrando ambos anos. Se separan de ellos y se colocan delante.

.- ¿Verdad que os gusta mariquitas? – le dice Sonia a Pedro, levantándole la cabeza tirando del escaso pelo.

.- ¡Estas muerta puta, cuando te pille te mato! – contesta armándose de valor y con aire chulesco mientras contiene las lágrimas.

Esto enfurece a ambas muchachas que se dirigen de nuevo a la parte trasera de los hombres y comienzan a meter y sacar los descomunales trozos de madera. Durante más de media hora les infringen un duro castigo al tiempo que les preguntan que si todavía no les gusta.

.- ¡Sonia, Sonia! Mira, al indio le gusta. ¿Ves? Se está corriendo por el gusto – Señala Ana a su compañera y ambas no dejan de asombrarse mientras observan el increíble acontecimiento.

El indio no cesa de llorar y suplicar mientras “ Don Pedro” hace lo mismo, al tiempo que lanza algún que otro insulto y amenaza. Sonia ordena a Ana que prosiga con el “ señor” mientras ella le practica una paja: no quiere perderse la oportunidad de quedar con un mejor recuerdo. Tras unos minutos lo consigue y queda plenamente satisfecha por la humillación que esto supone.

.- Ana, ¿Te apetece comer algo? Este cabrón tiene una buena despensa llena de jamones de los buenos. – Pregunta Sonia a su compañera mostrando claros síntomas de necesitar energías – no temas que estos cabrones no se menean del sitio. – añade al notar la cara de incertidumbre de Ana.

Aunque Sonia no es ninguna experta, sabe que la estructura construida en el interior de la bodega es de piedra resistente, como las que se hacían antiguamente, y que la puerta también está construida a conciencia. De todas formas, confía en que no puedan desatarse pues las ligaduras pues parecen estar muy bien anudadas. Deciden que de momento las otras dos chicas que permanecen encerradas en el otro cuarto no sepan nada y mucho menos que las puedan ver, tienen un plan para ellas más satisfactorio para todos.

Tras llenar la panza, bajan de nuevo a la bodega y, abriendo lo justo la puerta de las otras cautivas, les deslizan un abundante plato de jamón, dulces y un par de botellas de refresco. Regresan al cuchitril donde están los dos sometidos y, tras asegurarse, a través de la mirilla de la puerta, de que está todo como lo dejaron, entran. Los dos machotes siguen con el ano abierto del todo, con los falos aun encajados. Han pasado un par de horas y deciden que es tiempo de seguir proporcionándoles placer durante un buen rato más. Tras terminar agotadas de tanto empujar y tirar de las vergas de madera, preguntan a ambos machotes si les ha gustado o quieren más. Ambos responden que han disfrutado y que no es necesario seguir. Ellas retiran los arietes que les tampona el culo y se marchan dejándoles así, de esa manera.

Las chicas regresan a la casa “ del señor” y Sonia enseña a Ana todo lo que ha descubierto rebuscando. Le muestra un cajón en el escritorio que Pedro tiene en lo que parece ser un despacho. En él hay tres fajos de billetes de 500€ y ha calculado que bien puede haber unos 80.000 € . En otro de los cajones le indica que hay una pistola y una caja de munición pero que no sabe cómo usarla. Ana propone averiguarlo, con sumo cuidado, y volarles la tapa de los sesos. Piensa que no debe de ser muy difícil. Sonia le quita la idea de la cabeza pues tiene una mejor para cuando terminen con ellos.

.- De momento dejemos que pasen la noche en esa posición y mañana estarán más modositos y menos crecidos. – termina por decir Sonia y se despiden para dormir por primera vez en mucho tiempo ¡Como Dios manda!

Despiertan sobre medio día y deciden bajar a ver como continúan los violadores violados. Sonia porta en su mano derecha el bastón al que ha incorporado una sorpresa. Se acercan a la puerta, mira por la mirilla y nota que todo está en orden. Ana duda de que pueda ser un engaño. Sonia le pide que se retire un poco, sujeta bien el pomo de la puerta y la abre apenas unos centímetros, preparada para cerrar deprisa si ve algo sospechoso. Mete el bastón por la rendija que deja la puerta y, con el extremo, pincha en trasero de Pedro pues ha atado una aguja en él. De esta forma hará que el hombre salte por el dolor y se delate si está fingiendo. Como es de esperar el hombre lo recibe con gran sorpresa y mayor dolor, mostrando que aun sigue fuertemente atado. Se acerca al indio y le hace lo mismo, siendo la respuesta la misma. Una vez seguras de que todo está en orden, ambas entran.

.- ¡Hola nenazas! ¿Qué tal habéis pasado la noche? Estamos seguras de que lo de ayer os gustó y queréis más. – Dice Sonia con tono burlón.

Los hombres las miran y responden que no con la cabeza. Han pasado toda la noche con una bola de madera dentro de la boca y además de no poder hablar, las deben de tener dormidas. Les liberan de ellas y respiran aliviados, sin apenas poder encajar las mandíbulas.

.- Bueno nenes, ha llegado la hora de que sigamos proporcionándoos placer por donde más os gusta, por el culo. – Dice Ana más motivada que la noche anterior.

De esta forma, ambas se deleitan en perforar aquellos enormes y peludos culos, metiendo las vergas de madera todo lo que pueden y follándolos con verdadera crueldad, consiguiendo arrancar de los hombres gritos de dolor y un llanto que les denigra como machos dominantes.

Cuando se cansan, vuelven a marcharse, dejando aquellos dos orificios como si fueran plazas de toros. Los detalles escabrosos prefiero omitirlos. A la tarde repiten de nuevo la misma sesión durante un par de horas. A estas alturas los dos tipos no dan para más y apenas pueden pronunciar palabra. Insistentemente piden algo de beber. Las dos chicas salen de la habitación. Se acercan a un grifo de agua que hay en una de las paredes de la bodega y llenan una pequeña botella vacía.

.- Mira Ana. ¿Ves estas pastillas? – Le dice mientras se las muestra – deben de ser las que usan para atontar a las chicas, seguramente las que nos dieron a nosotras. Anoche busque información en internet, al encontrarlas en uno de los cajones. Dice que producen somnolencia y que anulan la voluntad. Tengo una idea para usarlas. – Termina de explicar.

Ana manifiesta su confianza en Sonia y, ésta, hecha cuatro pastillas dentro de la botella. Esperan unos minutos a que se disuelvan, regresan al habitáculo y les dan de beber. Pacientemente esperan a que la droga surta los efectos esperados y así sucede: tras unos 20 minutos ambos quedan adormilados. Sonia se apresura a masajear la verga de Pedro y nota que el suelo está encharcado, sin duda se ha debido orinar cuando no ha podido aguantar más. Miran debajo del indio y el charco es similar. Vuelve a masajear la polla del tipo hasta conseguir una medio erección, lo desatan y, como buenamente pueden y con gran esfuerzo lo colocan sobre el indio. Apuntan la verga del señor en el ano del sirviente y de un empujón en el culo consiguen que queden encajados.

Tras unos minutos analizando la forma de dejarlos atados de modo que, al despertar, tarden un buen rato en desatarse pero que finalmente lo consigan, lo hacen y se marchan, dejando a amo y siervo en una romántica penetración, uno sobre la espalda del otro.

Suben hasta la casa, recogen el dinero y se marchan en lo que parece el coche del indio, que está aparcado frente a la puerta y con las llaves en el contacto. Sonia arranca el motor y se marchan a un pueblo que, según indica el GPS de su teléfono, apenas está a 12 kilómetros de la finca en la que han estado cautivas. Durante el trayecto, Sonia indica a Ana que están más o menos a 60 km de Valencia, la ciudad en la que ambas viven. Cuando llegan al pueblo buscan un hostal donde alojarse. Sonia explica a su amiga, una vez acomodadas en la habitación doble que van a compartir que, si sus planes salen bien, en unas siete horas ambos habrán recobrado el conocimiento y que al menos tardarán un par más en desligarse si son hábiles, pues todo lo ha dejado dispuesto para que suceda así. Además les han dejado la ropa para que puedan vestirse cuando se encuentren liberados. Eso sí, de la habitación no podrán salir.

Por la mañana se levantan sobre las diez. Desocupan la habitación, pagan y se marchan. Paran en una de las cabinas telefónicas de la localidad, Sonia deposita unas monedas y realiza una llamada.

.- Cuartel de la Guardia Civil, ¿En qué puedo servirle? – Contesta una voz femenina.

.- Buenos días, quería informar de que al pasar por una finca situada en el km… más o menos 12 en dirección a Valencia, una que tiene unos extensos viñedos, al pasar en el coche con mi familia he podido ver que entraba un vehículo y que en el llevaban a una joven que parecía pedir ayuda con las manos y que era golpeada. No sé si será algo o nada, pero creo que deberían investigar por las dudas. – explica ampliamente Sonia mostrando dotes de buena actriz.

.- ¿Me podría indicar su nombre y desde donde llama señora? – demanda la voz de la agente.

.- Mire señorita, no quiero líos ni que mi familia se vea envuelta en algo turbio. ¡Lo lamento! – termina por decir y cuelga el auricular.

Suben al coche y se dirigen a la salida del pueblo para ver si hay algún movimiento por parte de la Guardia civil. Tras cinco minutos de espera, ven pasar por delante de ellas un todo terreno que produce un estruendo terrible con la sirena. Sienten que la llamada ha surtido efecto y les siguen a una distancia prudente. Al llegar a la finca pueden ver como el vehículo policial se sale a la derecha y entra por la puerta de acceso, llegando hasta la casa. Se desvían por un camino que hay antes de la entrada, detienen el coche, salen de él y se afanan en mirar por encima de un muro de piedra a la espera de acontecimientos.

Ven como los agentes entran en la casa y salen de nuevo al no ver nada sospechoso salvo… una pistola que uno de ellos recoge del suelo. ¿Quién puede haberla dejado allí? Entran por la puerta externa que da acceso a la bodega. Sonia y Ana no dejan de mirar ansiosas por ver qué sucede. A los diez minutos sale un agente de la bodega y parece llamar por teléfono móvil. A los 15 minutos llega otro vehículo policial que entra en la finca, hasta la casa y de él bajan otros cuatro agentes con lo que parecen mantas. Tres de ellos parecen mujeres y entran por el acceso a la bodega. Pasada una angustiosa hora, las dos amigas observan como comienzan a salir las dos chicas que aun permanecían cautivas, arropadas con mantas que cubren sus vergüenzas y abrazadas a las agentes. Terminan subiendo a uno de los vehículos. Pocos minutos después salen por la puerta el tal don Pedro y el indio, ambos esposados con las manos en la espalda. Terminan por subirlos en el otro coche y los dos vehículos salen de la finca, quedando un agente para precintar todo.

Satisfechas se sientan en el coche a fumar un cigarrillo con gran ansiedad. Durante un buen rato permanecen charlando y jactándose del logro alcanzado. Después deciden regresar al pueblo a ver que se dice. Al llegar...

- Señora, ¿Qué ha pasado que hay tanto revuelo en el pueblo? – Pregunta a una señora que habla con otra casi en mitad de la calle.

.- No os podéis imaginar niñas, han detenido al señorito de las bodegas y a su capataz por secuestrar y hacer cosas malas a las pobres chicas. – responde muy exaltada y con cierto tono de satisfacción, como dando a entender que deseaba algún mal a aquellos hombres.

Ambas amigas se despiden de las señoras y se marchan de vuelta a sus casas. Al llegar a Valencia dejaran el coche del indio aparcado en cualquier calle, para que alguien lo encuentre o no, eso les trae sin cuidado. Esa noche ambas ven en sus casas la noticia en los informativos locales con rostro de satisfacción. Ana ha contado casi todo lo sucedido, obviando la parte que pueda dejarla mal, pero añadiendo de forma tajante que no quiere que nadie lo sepa y mucho menos ir a la policía. Piensa que lo pagarán como merecen y de nada sirve airearlo todo. Sonia sólo debe justificarse en el trabajo y lo hace alegando que ha estado enferma, sin dar más explicaciones.

Pasados varios meses, ambas chicas se han hecho buenas amigas y asisten juntas al juicio. En él se colman de gozo al escuchar las declaraciones, casi escondidas al final de la sala. Durante el juicio ha quedado demostrado que ambos hombres secuestraban a chicas, después de drogarlas en lugares de diversión, las llevaban a la finca del tal don Pedro (mientras su mujer pasaba el verano en Estados Unidos con su hermana), las mantenían cautivas y violaban de forma reiterada durante todo su cautiverio. En la vista sale el nombre de Don Ezequiel que también es imputado como cómplice y violador. Respecto a qué hacían don Pedro y el indio encerrados en aquel cuarto, después de un análisis forense la conclusión es que se metieron para dar rienda suelta a un supuesto desvío sexual y que ambos se dedicaban a destrozarse el culo, después de violar a las chicas. Que se quedaron encerrados sin percatarse de que ninguno tenía las llaves y quedaron encerrados. Respecto a la llamada que la policía recibió poco énfasis se pone puesto que, en el fondo, poco o nada importa.

Pero algo ocurre durante los días del juicio que llama la atención de las jóvenes: un grupo muy numeroso de gitanos ocupa la sala de vistas y no dejan de increpar a los procesados. Tras indagar entre los presentes, Sonia y Ana descubren que una de las dos chicas que compartían el cuarto contiguo es una gitana preciosa de tan solo 18 años. Como es lógico esto explica el revuelo formado.

Finalmente, el tal don Pedro y el indio son condenados por secuestro y violaciones reiteradas a 25 años de prisión, el tal don Ezequiel a 11. Ambas muchachas no pueden estar más felices aunque no olvidan lo pasado.

Cuando los condenados salen a la calle, para ser trasladados en vehículos policiales a la cárcel, pueden escuchar frases del tipo: “ Veréis que bien os tratan en la cárcel” , “ Vais a ser las nenas favoritas de todos los presos” y otras peores.

Pasados siete meses, don Pablo recibe una misteriosa carta en la cárcel, con dos nombres en el remitente, Sonia y Ana y que dice…

Estimados don Pedro e indio:

Imaginamos que a estas alturas habéis aprendido a sentaros siempre con las piernas cruzadas, como nenas, levantando ligeramente la nalga para que el ano no toque el asiento. Habéis debido recibir tanta leche dentro, que vuestros orificios deben de parecer una granja lechera. En el fondo estamos muy satisfechas y deseamos que nunca os falten novios allí dentro. Por cierto, gracias a vuestra generosa contribución hemos hecho un viaje de morirse por Europa. Tenemos el culito bien satisfecho por todos los tíos que nos hemos ligado durante el mismo.

Un beso y hasta nunca.

Atentamente dos amigas.

Fin.

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Autor: Sweetcochino
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